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Emanero: las decisiones clave que marcaron su carrera y el año bisagra de 1998

Federico Giannoni, conocido como Emanero, repasa los hitos que definieron su trayectoria musical: desde sus inicios en el rap hasta el éxito masivo en la cumbia melódica, y explica por qué 1998 fue un año fundamental en su vida.

Toda escena musical tiene su singularidad; a veces por lo que propone, a veces por el contexto que le ha tocado. Emanero (Federico Giannoni), un porteño que bordea los 40 años y conquista públicos con su estilo de crooner tropical y urbano («Sinvergüenza», «Atorrante», «Peligrosa», «Adicto», «Borracho y loco», entre otros megaéxitos), busca su camino a cada paso desde los 11 años. Lleva dos números tatuados: 1987, el de su nacimiento, y 1998, porque fue durante ese año que pudo abrir una ventana imaginaria a lo que quería hacer con la música.

Luego, el tiempo y la experiencia lo llevaron por otros rumbos; comenzó con el rap y hoy no para de cosechar éxitos con canciones de cumbia melódica que interpreta trajeado, de riguroso negro, frente a un micrófono. Hace unas semanas dio su último show en el Movistar Arena, donde estrenó un nuevo espectáculo para presentar su álbum Todo por un beso. Al día siguiente se lo veía satisfecho, tras una noche con un gran desfile de invitados (Antonio Ríos, Ariel Puchetta, BM, Luciano Pereyra, Cacho Deicas, Valentino Merlo, Big One y Ángela Torres). Tiene por delante una veintena de shows hasta fin de año, de Bahía Blanca a Jujuy, de Madrid a Mallorca, de Málaga a Barcelona.

“Busco que la gente se vaya contenta, que baile, que se entiendan en algunos momentos qué queremos generar entre canción y canción. Tengo dos etapas en mi carrera que chocan bastante fuerte en el buen sentido. Contrastan lo introspectivo y personal de hace años con las canciones bailables y menos autorreferenciales de los últimos tres”, explica.

—Algunas de esas canciones dan la sensación de que son varias facetas de una misma persona: “Bandido”, “Atorrante”, “Sinvergüenza”, “Borracho y loco”…
—Sí, no somos un solo personaje. Somos muchos los que llevamos dentro. Estoy convencido de que todas las personas, dependiendo de la situación, podemos mutar de un personaje a otro. Además, dejé de ver solamente lo que me pasaba a mí para mirar lo que le pasaba a mi entorno y así empecé a jugar con canciones y personajes mezclados.

—Hace 15 años transitabas el rap. Hoy no sonás como entonces, aunque hay cosas que pueden tener vigencia. En el disco Arjé cantás el tema “Más tenemos, más queremos”, que dice: “Inconforme, un presidente invade otra nación”.
—Sí, y quizá en ese momento cometí un error. Esa letra busca ser exagerada y caricaturesca para plasmar un concepto: buscar lo que queremos y no conformarnos cuando lo tenemos. Pero hay algo bastante naïve porque una persona no invade un país sólo por inconformismo. En ese momento (2007) lo que teníamos más presente era la Guerra de Irak, pero luego vemos que se van repitiendo patrones. Y todo eso está muy lejos de lo que le pasa a la gente.

Arjé responde a un concepto filosófico. Hoy tu música parece más directa. ¿Qué tan lejos estás de aquello?
—Hay dos cosas. Por un lado, las de ahora son otro tipo de canciones. Por otro, uno va creciendo y mientras eso sucede, va eligiendo qué quiere decir y callar. Incluso una misma situación, en perspectiva, se ve de otra manera. Pero me gusta que aquellos momentos hayan quedado grabados y que envejezcan bien. Si hubiera hablado de la Guerra de Irak, hubiese quedado anclado a ese momento. A mí me encanta esa cosa que tenía Tato Bores, su humor tan universal. También es necesario que haya arte disruptivo y puntual, pero yo siempre intenté ser lo más universal posible: no hablar de un país ni de una situación puntual, sino de emociones universales como el amor, el odio, la venganza. Cada uno es el encargado de ubicarlas en su situación personal.

—¿Vestir con saco, camisa y corbata fue una de las principales decisiones artísticas?
—No lo había pensado de esa manera, pero sí, definitivamente debe estar dentro de las tres o cuatro decisiones más importantes. Otra tiene que ver con el espacio que me dieron en esta casa (el estudio en Fifty One Music). El traje tiene dos o tres momentos: cuando me lo proponen para un video, cuando lo volvemos a usar en otras canciones y cuando decidimos llevarlo al show. En ese momento no lo vi como una decisión sino como algo que se fue dando.

—¿Cómo conviven el tipo del traje y el rapero de la gorrita?
—No son caras antagónicas. Yo escribí “Bandido” pensando en rap, como un ritmo en 4 por 4 con un beat a 90. Más rap que eso, imposible. Y lo que me pasó es que llegué al género tropical sin vicios, con virtudes, errores y aciertos.

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