Especialistas del sector coinciden en que el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la Anses podría ser clave para destrabar el financiamiento hipotecario a largo plazo y dinamizar la construcción, un sector clave para el empleo en Argentina.
En el mercado inmobiliario argentino, que aún busca un reacomodamiento tras años de crisis, la discusión sobre cómo reactivar la construcción vuelve a cobrar fuerza. Economistas de peso en el sector coinciden en que la clave no pasa solo por estabilizar la macroeconomía, sino por destrabar el crédito hipotecario, un factor esencial para el acceso a la vivienda y el desarrollo del país.
Según Miguel Kiguel, Martín Redrado y Federico González Rouco, el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la Anses podría ser la pieza que falta para activar un círculo virtuoso. Redrado señaló que el FGS acumula activos por alrededor de US$70.000 millones entre bonos, acciones y otros instrumentos, pero su capacidad para motorizar la economía real hoy es limitada.
Kiguel propone reorientar esos recursos hacia el financiamiento productivo, con foco en la construcción. “La economía necesita algún tipo de empujoncito para ir más rápido, y que no sea solamente tener los incentivos para invertir”, advirtió en diálogo con LA NACION. El economista planteó que el Gobierno podría utilizar el fondo sin generar déficit fiscal, a través de mecanismos como la compra de carteras hipotecarias o el financiamiento de proyectos privados.
“Hay un stock ahí, que incluye bonos, acciones y otras inversiones, y creo que habría que movilizar esa plata, buscar en forma creativa, a lo mejor con la ayuda de organismos internacionales, para impulsar a un sector que para mí es el que puede darte vuelta la economía hoy, que genera mucho empleo y derrama mucho, que es la construcción”, aseguró Kiguel.
Para Redrado, el problema es aún más estructural: la Argentina carece de un sistema financiero capaz de sostener crédito a largo plazo. “El acceso a la vivienda requiere préstamos en pesos, a 20 o 30 años. Hoy eso prácticamente no existe”, señaló. En ese sentido, planteó que el FGS podría canalizarse para ofrecer ese tipo de financiamiento, con reglas claras y previsibilidad. Además, propuso un régimen de incentivos específico para la construcción, similar al RIGI. “Así como tiene el RIGI, la Argentina debería tener un RICO, un Régimen de Incentivo para la Construcción”, expresó, sugiriendo que el IVA se pague una vez que se empiece a producir.
Más allá del rol del Estado, hay una restricción que atraviesa todo el sistema: la escasez de ahorro bancarizado. Según explicó el ministro de Desregulación y Transformación, Federico Sturzenegger, en el evento “Real estate 2026: expectativas y realidad”, los depósitos en Argentina representan apenas entre el 12% y el 15% del PBI, muy por debajo de economías comparables de la región. En Chile, por ejemplo, superan el 80%.
Sturzenegger señaló que las personas no depositan sus ahorros en el sistema financiero, sino que colocaron ese dinero en instrumentos de corto plazo con tasas altas, impulsadas por la inflación. “El sistema financiero va a tener que reconvertirse y salir a buscar el ahorro de los argentinos”, anticipó. Se estima que hay más de US$200.000 millones fuera del sistema local.
En este esquema, diversos analistas coinciden en que el crédito ajustado por UVA sigue siendo el instrumento más viable para desarrollar hipotecas a largo plazo. Entre 2017 y 2018, se alcanzaron niveles récord de otorgamiento, con unas 60.000 operaciones anuales. El economista especializado en vivienda Federico González Rouco sostiene que el principal desafío no es el instrumento en sí, sino su escala.
