En la sociedad actual, la opinión sin sustento y la inmediatez reemplazan al conocimiento profundo. Un análisis sobre cómo las redes sociales y la cultura del espectáculo transforman la política, el periodismo y la vida cotidiana.
Este es un tiempo sencillo y productivo para el desconocimiento. En el presente, no es tan necesario dominar asuntos ni poseer información experta para discernir, sino opinar sobre la base de una ignorancia creciente. No es la era de la profundización masiva del saber, sino de las opiniones.
En las redes sociales proliferan modos de buscar seguidores mediante esquemas inmediatos y supuestamente simpáticos. Alguien conocido se sienta en su auto y ofrece comentarios que combinan humor con una mirada “crítica” sobre la crianza; una mujer se queja frente a la cámara de su teléfono de que los hombres de hoy no sirven y no consigue novio; un grupo de jóvenes con luces de neón de fondo se ríen en un stream sobre si tal o cual gusta de una persona o tendría relaciones sexuales con otra. Nada de esto tiene pausa posible, porque la condición de la opinión ingeniosa y humorística es la inmediatez. Así, no solo es una era de la opinión, sino de la opinión veloz, impensada, que carece de tiempo para la reflexión. El pensar es una oportunidad perdida que otros podrían aprovechar.
La inmediatez del desconocimiento como oportunidad se expresa en otros ámbitos. Las barreras de ingreso a la industria musical son bajas, especialmente con los DJ’s que no requieren conocimientos de armonía para hacer de esto un trabajo rentado; o los coach ontológicos, que ofrecen herramientas urgentes para transformar a una persona sin la profundidad del psicoanálisis. Del mismo modo, un periodista de espectáculos pasa a conducir un programa sobre política, uno de deportes propone ideas sobre el país, y otro joven del periodismo político transita hacia programas de diversión para opinar de cualquier asunto. En esa velocidad del cambio de ubicación del hablante, la sociedad moderna permite ser encontrada.
Estos procesos pueden describirse como logros de tecnificación social, basados en la ausencia de interrupciones en el flujo comunicativo. Las sociedades premodernas se caracterizaban por la rigidez entre estratos que no se comunicaban entre sí más que como servicios o impuestos. La literatura trató los romances entre diferentes segmentos sociales como episodios ocultos, y las rebeliones campesinas como intentos de desorganizar una estructura rígida. Si bien las diferencias sociales existen y se reproducen en formas culturales y económicas, la chance de tránsito intra social es hoy abultadamente superior.
La política moderna en Occidente tiene una manera inmediata de producir cambios de rol: un gobierno formalmente tiene un mandato que inicia en una fecha y, de un instante a otro, lo traspasa al siguiente. En tiempos sin debates republicanos, los cambios de gobierno o dinastías llevaban un tiempo menos claro y un tránsito más extenso. No lo sabe quien sube un video simpático en redes, pero es, en su creencia de originalidad, una expresión acabada de una era en la que todos se igualan.
No se debe hacer mucho esfuerzo para comprender que Javier Milei es un hombre de esta era, y no un representante del conocimiento económico experto del siglo XIX o XX. Su tiempo en el espacio público se repleta como espectáculo inmediato y casi impensado de comentarios y respuestas en redes sociales. Él mismo produjo un tránsito desde comentarista televisivo a candidato exitoso y ahora Presidente de la Nación, sin haber tenido un recorrido en el Estado o en partidos políticos, porque parece no ser necesario para este tiempo urgente. Repite en persona lo mismo que los jóvenes con luces de neón de fondo: es uno más de los que no tiene tiempo para pensar, porque solo la urgencia de la humorada busca ser premiada.
