El diputado nacional enfrenta un panorama difícil: crisis económica, vencimientos de deuda y tensiones internas en el peronismo, mientras intenta redefinir su rol de cara a 2027.
Dos certezas marcan el futuro político de Máximo Kirchner. La primera es que la economía argentina no mejorará en los próximos 18 meses, sino que experimentará una caída «empinada». La segunda, que quien gane las próximas elecciones presidenciales deberá enfrentar un cronograma de pagos de deuda que parece imposible sin renegociar el acuerdo con el FMI. Kirchner, que renunció a la presidencia del bloque de diputados durante el gobierno de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner por negarse a convalidar ese acuerdo, se encuentra ahora en una encrucijada que lo obliga a hacer concesiones y romper viejos moldes.
La condena e inhabilitación de Cristina Kirchner y la victoria de La Libertad Avanza en las elecciones de octubre pasado golpearon las oportunidades del kirchnerismo. Sin embargo, la historia argentina muestra regresos imposibles y surgimientos inesperados. La economía actual, con consumo deteriorado, cierre de empresas e inflación latente, abre una ventana para que el kirchnerismo explore la nostalgia de gestiones pasadas. «Nosotros hemos sido cultores de las cuentas ordenadas del Estado», afirma Máximo Kirchner en reuniones privadas, recordando la gestión de su padre, Néstor Kirchner. «Siempre fuimos pro empresas, pro industria nacional, también en las malas», agrega, citando como ejemplo el crédito de US$70 millones otorgado a General Motors en 2009 para evitar su cierre. Reconoce que la protección estatal generó desviaciones y que «hay que hablar con algunos sectores para que no se excedan», mencionando en primer lugar a la industria textil.
Así como la crisis económica le ofrece una oportunidad para acercarse a empresarios y consumidores, los constantes ataques del presidente Javier Milei a periodistas lo animan a tender puentes con un sector que antes le era hostil. «Nosotros sacamos calumnias e injurias del Código Penal. Y votamos en contra de derogar el estatuto del periodista», señala el diputado, en contraste con la confrontación que los gobiernos kirchneristas mantuvieron con medios no alineados.
Máximo Kirchner creció rodeado de poder: hijo del intendente de Río Gallegos, del gobernador de Santa Cruz, del presidente, de la presidenta y de la jefa del peronismo. Ninguno de ellos puede estar en la boleta electoral, pero el apellido kirchnerista recupera peso en las encuestas gracias a la situación económica. Sin embargo, su reconstrucción enfrenta un desafío clave: Axel Kicillof. El gobernador bonaerense es visto como sinónimo de kirchnerismo para la mayoría de los votantes peronistas, y las diferencias entre ambos no logran ser explicadas claramente al electorado. Las tensiones se remontan a 2023, cuando Kicillof se negó a ser candidato a presidente, y se profundizaron el 17 de octubre de 2024, cuando encabezó un acto por el Día de la Lealtad Peronista sin La Cámpora ni el massismo, proponiendo «la construcción de una alternativa superadora». Máximo Kirchner y Kicillof llevan más de un año sin hablarse, desde la discusión por el desdoblamiento de las elecciones de 2025, cuando el gobernador desoyó los planteos del cristinismo.
