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Industria automotriz argentina: la amenaza de importar sin ‘antidoping’ y el desafío de exportar sin mochila fiscal

La industria automotriz argentina enfrenta una encrucijada: la competencia desleal de importaciones subsidiadas y una carga tributaria que complica las exportaciones. El sector reclama reglas equitativas para competir en el mercado global.

En el comercio global, la alta competencia induce a las empresas a innovar permanentemente para seguir en carrera, beneficiando a los consumidores con mejores productos y precios más bajos. Sin embargo, cuando la industria de un país compite con subsidios estatales directos o indirectos, se rompe la asignación eficiente de recursos que promueve la libre competencia. En esos casos, no decide el mercado sino una estructura estatal que sigue una estrategia con intereses geopolíticos, lo que equivale a ganar sin fair play en términos deportivos.

La industria automotriz local y regional se encuentra en un punto crítico. Al desafío de transitar el fuerte cambio tecnológico global del negocio de la movilidad se suma una feroz competencia no solo comercial (exportaciones e importaciones) sino, sobre todo, por las inversiones que determinarán las capacidades productivas y la generación de empleo del futuro.

El sector automotor y autopartista argentino es uno de los más abiertos y expuestos a la competencia externa. Mientras que para nuestro país la suma de importaciones y exportaciones sobre el PBI representa el 25%, para el sector automotor representa más del 130% de la producción. La estructura productiva se basa en un esquema de especialización y complementación con Brasil, y al ser una industria que depende esencialmente de las exportaciones para producir a escalas mínimas eficientes, las reglas ecuánimes son imprescindibles para ser competitivos.

La competitividad de la cadena automotriz hoy está en discusión, y fundamentalmente cuál tendría que ser el patrón de referencia de dicha competitividad. ¿Con qué precios se debe comparar para saber si nuestros vehículos y autopartes tienen los precios adecuados? La pregunta es muy relevante porque muchas veces se descalifica injustamente capacidades locales por realizar comparaciones inequitativas; comparemos peras con peras y manzanas con manzanas.

Hay incluso naturalizaciones contradictorias cuando se exigen reglas justas al comparar el precio de los vehículos con valores normales de economías capitalistas (ecualizando presión impositiva), pero al decidir dónde adquirir las piezas para ensamblarlos no se tiene en consideración si éstas tienen o no subsidios, o si son producidas con procesos de dumping social. Compañías que publicitan sus aportes sociales y ambientales no muestran escrúpulos a la hora de importar autopartes desde fábricas radicadas en países que incumplen con derechos laborales mínimos, según lineamientos de la Organización Internacional del Trabajo. Muchos usan una vara para vender y otra vara para comprar.

Ante esta realidad, las potencias económicas e industriales no actúan con ingenuidad. EE.UU. y la Unión Europea aplican aranceles quirúrgicos y utilizan intensamente investigaciones anti-subsidios para prevenir y evitar los efectos de importaciones con ventajas artificiales. También aplican reglas de origen estrictas para evitar triangulaciones comerciales que buscan eludir aranceles. Estos países no están cerrando sus economías, simplemente están aplicando el reglamento que todos deberían cumplir.

Para Argentina, la carrera es doblemente dificultosa. Al desafío de enfrentar casos de competencia con doping se suma una carrera de obstáculos propia: una pesada mochila tributaria que se ha prometido aliviar pero con una velocidad limitada por las necesidades fiscales esenciales para una estabilidad macroeconómica imprescindible. La cadena exportadora automotriz carga en sus espaldas el Impuesto a los Débitos y Créditos, Ingresos Brutos y Tasas Municipales, impuestos que no solo se terminan exportando por su efecto cascada, sino que castigan aún más a las cadenas más integradas localmente.

Si se naturaliza comparar la performance de un deportista que carga una pesada mochila en sus espaldas con la de otro que además no pasa un antidoping, se estará cometiendo una gran injusticia. Saquemos las mochilas y eliminemos las ventajas artificiales para que la industria automotriz argentina pueda competir en igualdad de condiciones.

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