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Techos verdes y jardines verticales: qué tener en cuenta antes de instalarlos

En las ciudades, donde el suelo disponible escasea cada vez más, los techos verdes y los jardines verticales ganan protagonismo como una alternativa para incorporar vegetación en altura, aunque no siempre resultan simples de implementar.

En las ciudades, donde el suelo disponible escasea cada vez más, los techos verdes y los jardines verticales ganan protagonismo como una alternativa para incorporar vegetación en altura, aunque no siempre resultan simples de implementar. Se inscriben dentro de las llamadas Soluciones Basadas en la Naturaleza, un enfoque que propone gestionar la naturaleza de manera estratégica para dar respuesta a problemas urbanos urgentes. Contribuyen a capturar dióxido de carbono, liberar oxígeno y moderar la temperatura de los lugares en los que se integran.

En estos sistemas alternativos, variables tales como el drenaje, la elección de especies y el riego adquieren una complejidad mayor. Requieren asesoramiento profesional, tanto para su diseño y ejecución como para su cuidado. No son soluciones que puedan obtenerse sin experiencia o improvisadamente.

Los techos verdes pueden instalarse sobre casas, edificios e incluso estructuras como cocheras subterráneas. Se clasifican según su intensidad de uso y sus requerimientos técnicos:

  • Extensivos: livianos y de bajo mantenimiento. Se utilizan especies rústicas, como suculentas (Sedum spp.). El riego es importante al inicio, pero luego se limita a períodos de sequía.
  • Semiextensivos: permiten mayor diversidad vegetal sin alcanzar la complejidad de un jardín tradicional. Pueden incluir césped, herbáceas y pequeños arbustos.
  • Intensivos: requieren mayor profundidad de sustrato (alrededor de 40 cm) y mantenimiento más frecuente. Admiten una gran variedad de plantas y uso recreativo, pero implican mayor inversión.

Un techo verde se compone de capas superpuestas: membrana impermeabilizante, capa drenante, barrera antirraíz, capa filtrante, sustrato y vegetación. La ausencia o mala resolución de alguna de estas capas es una de las principales causas de fallas.

El sustrato debe tener pH levemente ácido, ser liviano, con buen drenaje y bajo contenido de materia orgánica (hasta 80% de materiales inorgánicos y máximo 20% de materia orgánica). Un error frecuente es usar mezclas de jardinería tradicional, lo que compromete el drenaje y la estabilidad.

Las plantas en altura están más expuestas al viento y al sol, acelerando la pérdida de agua. El riego por goteo es el sistema más utilizado. El exceso de riego puede generar problemas, como una menor adaptación de las especies.

En cuanto a los jardines verticales, son sistemas diseñados con módulos donde las plantas crecen en sustrato o hidroponía. Requieren control técnico constante, permiten gran diversidad de especies y diseños, e implican una inversión significativa.

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