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La neuroplasticidad: la capacidad del cerebro para adaptarse y aprender se mantiene toda la vida

La neurocientífica Ana Ibáñez explica cómo el entrenamiento cerebral puede optimizar funciones cognitivas y mejorar la gestión emocional, independientemente de la edad.

Ana Ibáñez, neurocientífica y directora de los centros Mindstudio, sostiene que el cerebro mantiene su capacidad de reorganizarse y formar nuevas conexiones a lo largo de toda la vida, un proceso conocido como neuroplasticidad. Según la especialista, esta característica permite influir en la gestión de las emociones y en la percepción de la autoestima.

«Hoy sabemos que podemos influir directamente en cómo gestionamos nuestras emociones y en cómo percibimos nuestra autoestima», afirma Ibáñez. «Esto se debe a la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para reorganizarse y formar nuevas conexiones».

La experta explica que, al entrenar áreas cerebrales específicas que regulan las emociones y las percepciones, es posible modificar patrones de pensamiento y reacciones automáticas. «Así hay áreas específicas en nuestro hemisferio derecho, en el área frontal y prefrontal que cuando ejercitamos vemos cómo se optimizan, armonizan sus frecuencias y como resultado la persona se siente mucho más cómoda a nivel emocional», desarrolla.

En sus centros, realizan entrenamientos «como si se tratara de un gimnasio cerebral», con resultados que, según indica, potencian la autoconfianza y la estabilidad emocional.

Desmitificando creencias sobre el desarrollo cerebral

Durante mucho tiempo se creyó que el cerebro alcanzaba su desarrollo máximo en la juventud y que luego declinaba. Ibáñez aclara que esto es un mito. «La neuroplasticidad se mantiene a lo largo de toda la vida. Es cierto que hasta los 25 años aproximadamente esta neuroplasticidad es mucho más grande, pero aunque la velocidad de aprendizaje puede disminuir un poco con la edad, el cerebro sigue siendo moldeable y capaz de adaptarse a nuevos retos si lo entrenamos de manera adecuada», señala.

Esto significa que, sin importar la edad, siempre es posible seguir desarrollándose, aprendiendo y mejorando las capacidades mentales y emocionales.

Entrenamiento cerebral para la vida cotidiana

Contrario a la idea de que este entrenamiento es solo para deportistas de alto rendimiento o creativos, Ibáñez propone aplicarlo a la vida diaria. «Nuestro cerebro regula cada aspecto de nuestra cotidianidad: cómo manejamos el estrés, cómo tomamos decisiones y cómo nos relacionamos con los demás», explica.

Al entrenar funciones como la atención, la flexibilidad cognitiva y la regulación emocional, se pueden notar cambios en cómo se afrontan los retos cotidianos. «Algo tan simple como aprender a manejar mejor nuestras emociones o a concentrarnos más en las tareas diarias puede tener un impacto directo en nuestro bienestar», agrega.

Gestión del estrés y la ansiedad

Frente a malestares comunes como la presión laboral o la ansiedad, la neurocientífica afirma que es posible entrenarse para manejarlos de otro modo. «El estrés y la ansiedad pueden ser gestionados de manera más eficiente cuando entrenamos las áreas cerebrales que regulan estas emociones», asegura.

Señala que la corteza prefrontal y la amígdala juegan un papel fundamental en las reacciones ante el estrés. Con ejercicios específicos, se puede cambiar la forma de responder a situaciones de presión. «No se trata de eliminar el estrés, sino de entrenar al cerebro para que lo gestione de manera más adaptativa», concluye.

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