Luiz Meisler, vicepresidente ejecutivo de Oracle Latinoamérica, habló sobre la adopción de IA en la región, la necesidad de regulación y el potencial de Argentina.
Luiz Meisler, vicepresidente ejecutivo de Oracle Latinoamérica, responsable de aumentar el liderazgo de la compañía en la región, dialogó con LA NACION sobre la actualidad de la inteligencia artificial (IA), los desafíos que plantea, el nivel de adopción en América Latina y Argentina, y dónde radica el potencial de éxito para la región. Meisler lleva casi 30 años en la empresa y ha trabajado con diversos clientes, transformando sus negocios y utilizando la tecnología como puente hacia la innovación.
—Después de cuatro años de explosión de la IA generativa, ¿en qué momento creés que estamos hoy: seguimos experimentando o ya entramos en la etapa en que esta tecnología empieza realmente a transformar los negocios?
—Yo creo que ya estamos transformando el negocio. Considero que todavía no hay un cambio radical, sino que es algo evolutivo, porque la IA también está aprendiendo y, en nuestro caso, ese aprendizaje es también dentro de las empresas. Ya se están haciendo muchas cosas y se están viendo muchos beneficios.
—¿Cómo ves a América Latina en cuanto a la adopción de la IA? ¿Qué está pasando y qué oportunidades existen?
—La oportunidad de América Latina es monstruosa. La gente tiene que entenderlo y abrazar esta tecnología; lo único que no puede hacer es delegar en otros aquello que le corresponde hacer por sí misma. Nuestros empresarios de América Latina son muy creativos, no tienen miedo a equivocarse. Y, en este contexto de la IA, América Latina podría aportar específicamente soluciones de negocio; el potencial de la región es muy grande.
—Se habla mucho de que la IA va a eliminar puestos de trabajo. Desde su experiencia trabajando con grandes empresas de la región, ¿qué habilidades o capacidades laborales marcarán la diferencia en los próximos años?
—Nadie puede decir con certeza qué va a pasar, pero yo creo que lo único que nos va a diferenciar de los otros es estudiar —algo que nunca termina— y el networking. En ese sentido, lo único que nos limita es nuestra capacidad. Es por eso que es importante transformarse y retransformarse continuamente. Muchas veces, me autoamenazo y me digo a mí mismo: “Creo que me van a echar mañana”. Esto me sirve como motivación, me ayuda a ser competitivo, a querer saber más.
—Se habla de los modelos como si fueran el corazón de la revolución de IA, pero cada vez aparece más la idea de que el verdadero activo estratégico es otro. ¿Qué rol cumple la infraestructura?
—La infraestructura es la base y hoy la demanda es muy alta. Se trata de un costo que en algún momento va a bajar, no va a ser infinito. En cuanto los centros de datos empiecen a entrar en producción, se va a optimizar todo. Lo natural será que los precios caigan, lo dice el mismo Jensen Huang, CEO de Nvidia, que el costo de procesar va a ser casi cero.
—En un momento en que la IA agéntica está cada vez más presente, ¿debería seguir existiendo supervisión humana?
—Hoy tenemos agentes controlando a otros agentes y, con la velocidad con la que se mueven las cosas, la supervisión será cada vez más compleja. La decisión humana de hasta qué punto un agente tendrá el control es fundamental, va a tener que existir. En ese sentido, la seguridad forma parte de nuestro ADN: no desarrollamos nada sin incorporar la ciberseguridad desde el inicio; primero va la seguridad, luego la eficiencia y los costos. Cada nueva versión de software y de las aplicaciones que van apareciendo busca cerrar justamente vulnerabilidades que van surgiendo y que los actores maliciosos intentan explotar. Pero depende de cada empresa y de cada aplicación el nivel de seguridad que se le quiere poner; no todo necesita mucha seguridad, sino acceder a algo llevaría mucho tiempo.
—Teniendo en cuenta todos los incidentes que ocurrieron vinculados a la IA, ¿creés que esta tecnología necesita regulación?
—Hace falta regulación, pero pienso que va a ser muy difícil. Es un tema que se discute constantemente, pero del cual no llegamos a ningún lado. Se puede regular, aunque, si se regula mucho, ya estaríamos hablando de censura y nosotros no queremos eso. De hecho, ninguno de los debates que se han dado hasta el momento ha producido marcos regulatorios claros ni modelos que, en mi opinión, valga la pena replicar.
—Pensando en la Argentina en particular, ¿cómo ves al país en cuanto a la adopción de IA? ¿Qué puede aportar especialmente?
—Veo muy positivamente a la Argentina. Muchos problemas vinculados a lo económico, a la inflación y a la deuda están en camino de ser resueltos, aunque todavía falta mucho. La Argentina llegó a estar entre los tres países más grandes de la región. Todavía falta, pero yo soy muy positivo. La veo como una potencia, con capacidad humana, de innovación, creatividad y “garra”. Por otro lado, considero que, hoy en día, las pequeñas empresas tienen más oportunidades que las corporaciones. Estas últimas están muy limitadas a la hora de innovar, mientras que las más chicas no tienen nada que perder. En ese sentido, considero que hay una oportunidad brutal para las pequeñas empresas, como nunca hubo. Y esto es muy bueno para nuestros países, que somos innovadores y emprendedores. También vemos que las empresas son cada vez más ávidas de utilizar inteligencia artificial. Y están yendo a generar impacto en el negocio, es decir, que esta tecnología permita crear nuevas soluciones y lograr más revenue. En ese contexto, la clave del éxito está en lograr un ecosistema, con conocimiento, networking y con partners, empujando y llevando más opciones a la mesa, tal como estamos haciendo desde Oracle.
