Los Socialistas Democráticos de América respaldan a once candidatos que se presentan bajo las siglas del Partido Demócrata en las elecciones legislativas del 3 de noviembre. La estrategia moviliza al electorado progresista y genera resistencias entre los moderados.
Once candidatos respaldados por los Socialistas Democráticos de América (DSA, por sus siglas en inglés) compiten por bancas en el Congreso de Estados Unidos en las elecciones del próximo 3 de noviembre, bajo las siglas del Partido Demócrata. La organización, fundada en 1982, busca influir en el rumbo del partido y movilizar a los votantes más progresistas.
El impulso de estas candidaturas se produjo tras la elección de Zohran Mamdani como alcalde de Nueva York, un año antes de los comicios legislativos. Según Steven Smith, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Estatal de Arizona, «el atractivo de los pocos candidatos vinculados a DSA reside en su compromiso con políticas concretas en materia de sanidad, impuestos, educación y medioambiente. La ideología en términos generales tiene un atractivo marginal», declaró a EFE.
Richard Bensel, profesor de política estadounidense en la Universidad de Cornell, sostuvo que un buen resultado electoral de estos candidatos reforzaría su influencia dentro de la formación. Smith relativizó ese alcance: «La inmensa mayoría de los demócratas que ganen no estarán vinculados a DSA», señaló.
La congresista Alexandria Ocasio-Cortez (AOC), una de las figuras más destacadas del ala progresista del Partido Demócrata, ha hecho campaña por el país junto a otros candidatos socialistas y destinó un millón de dólares de los fondos de su campaña a Abdul El-Sayed, aspirante al Senado por Míchigan, quien rechaza la etiqueta de socialista. Bensel indicó que AOC «debe ampliar sus apoyos dentro del partido» y prevé que «seguirá intentando acercarse al centro, al tiempo que demuestra su lealtad a la facción».
Bruce Cain, profesor de políticas en la Universidad de Stanford, señaló que AOC «es probable que intente reorientar su enfoque para incorporar en mayor medida las preocupaciones de DSA relacionadas con el coste de la vida, la desigualdad y el empleo», lo que facilitaría sumar socialistas a la bancada demócrata en Washington.
Tras las victorias de estos candidatos en las primarias demócratas, los republicanos buscaron vincular a todos los demócratas con el socialismo de extrema izquierda, según Smith. Cain indicó que en la mayoría de los casos se presentarán en «zonas del país de marcado carácter demócrata y progresista», como Nueva York o California, lo que podría limitar las tensiones electorales.
Una encuesta difundida por CNN en julio reveló que un 36 % de los votantes demócratas encuestados que no se identificaban como socialistas democráticos sentían incomodidad y molestia por estas candidaturas. Además, un sondeo del Jewish Electorate Institute difundido el 16 de septiembre encontró que el 25 % de los demócratas judíos no estaba dispuesto a votar por socialistas democráticos, y un 15 % tampoco lo haría aunque estuviera en juego el control demócrata del Congreso. El mismo estudio refleja que una mayoría de ellos tiene una opinión favorable hacia los socialistas. En los últimos meses crecieron las críticas contra estos aspirantes por acusar a Israel de cometer un genocidio en Gaza y defender el fin de la ayuda militar estadounidense al país.
