Mariano Ortiz Villafañe y Florencia Fiorentín expusieron sus perspectivas sobre la evolución de la inflación en Argentina, el impacto de los precios regulados y las expectativas del mercado, en un contexto de pérdida de velocidad en la desinflación.
La inflación en Argentina atraviesa una etapa diferente a la registrada al comienzo de la gestión de Javier Milei, según coincidieron los economistas Mariano Ortiz Villafañe y Florencia Fiorentín. Después de una fuerte desaceleración desde niveles elevados, el proceso perdió velocidad, lo que plantea desafíos para el Gobierno, que busca consolidar una reducción sostenida del índice de precios.
Ortiz Villafañe explicó que parte de las dificultades se relaciona con la volatilidad cambiaria y la actualización de tarifas que habían quedado rezagadas. Aunque destacó que las expectativas del mercado siguen apuntando a una baja de la inflación, advirtió que alcanzar registros mensuales de entre el 1,5% y el 2% de manera sostenida representa un desafío.
“Después de la fuerte desinflación que hubo al inicio del gobierno de Milei, a lo largo de la segunda mitad del año pasado y principio de este año, claramente hubo un retroceso ahí”, sostuvo el economista. Sin embargo, señaló que el proceso volvió a encaminarse durante la segunda mitad del año. Según su análisis, la desaceleración ya no puede avanzar al mismo ritmo que al comienzo, cuando la inflación partía de registros anuales superiores al 200%.
“Eso la verdad no me sorprende”, afirmó Ortiz Villafañe al comparar la experiencia argentina con la de otros países que también tuvieron dificultades para llevar la inflación desde niveles muy elevados hasta registros bajos. El economista destacó que las expectativas del mercado continúan apuntando a una trayectoria descendente. En ese sentido, mencionó las proyecciones relevadas por el Banco Central y las estimaciones implícitas en los precios de los bonos. “El mercado, la realidad, es que siguió siendo bastante optimista con respecto al proceso de desinflación”, explicó.
No obstante, advirtió que alcanzar una inflación mensual de entre el 1,5% y el 2% de manera sostenida representa un desafío. “No sé si lo vamos a ver antes de las elecciones”, reconoció.
Por su parte, Florencia Fiorentín coincidió en que la reducción de la inflación no puede analizarse únicamente a partir de los factores monetarios. La economista cuestionó las expectativas oficiales sobre la velocidad del proceso y destacó la influencia de la estacionalidad y las características estructurales de la economía. “Uno no puede esperar que la inflación ya pase en dos años de casi 300% a 10% anual”, señaló.
Para Fiorentín, uno de los problemas fue que el Gobierno generó expectativas de una desaceleración más rápida después de la fuerte caída inicial. “El error que hubo ahí fue de generar expectativas por parte del Gobierno insistiendo en que iba a bajar la inflación mucho más rápido”, sostuvo. La economista explicó que reducir la inflación desde niveles cercanos al 300% hasta registros de dos dígitos elevados resulta menos complejo que acercarla a los valores considerados normales a escala internacional.
Además, remarcó que los servicios públicos y otros precios regulados tienen una incidencia importante en la evolución mensual del índice de precios al consumidor que publica el INDEC. “En general, todos los meses lo que más te explica la variación son los precios de los servicios regulados”, afirmó.
