La Organización Meteorológica Mundial reportó concentraciones sin precedentes de CO₂, metano y óxido nitroso. El organismo advirtió que un eventual El Niño potente en 2026 podría agravar la situación al afectar la capacidad de los ecosistemas para absorber carbono.
Las concentraciones de gases de efecto invernadero alcanzaron nuevos récords en 2025, según informó la Organización Meteorológica Mundial (OMM) el martes 27 de octubre. Los tres principales gases de larga duración asociados al calentamiento planetario registraron niveles sin precedentes, de acuerdo con el 22.º Boletín sobre Gases de Efecto Invernadero, elaborado a partir de la red de observación atmosférica de la OMM.
El dióxido de carbono (CO₂) llegó a una concentración media mundial de 426,8 partes por millón (ppm). El metano alcanzó las 1.948 partes por mil millones (ppb) y el óxido nitroso, las 339,1 ppb. Frente a los valores anteriores a 1750, utilizados como referencia preindustrial, esas concentraciones representan aumentos del 53% para el CO₂, del 167% para el metano y del 26% para el óxido nitroso.
El informe mide la cantidad de gases acumulados en la atmósfera, una variable diferente de las emisiones generadas durante un año. La evolución de las concentraciones depende tanto de lo que se libera como de la capacidad de los sistemas naturales para absorberlo. Aproximadamente la mitad del CO₂ emitido cada año permanece en la atmósfera; el resto es captado por océanos y ecosistemas terrestres, que actúan como sumideros de carbono.
La secretaria general adjunta de la OMM, Ko Barrett, advirtió que esta acumulación retiene más calor y aumenta los riesgos relacionados con fenómenos meteorológicos extremos. También subrayó que, por su larga permanencia, el dióxido de carbono seguirá influyendo en el clima durante décadas e incluso siglos.
La advertencia para 2026 combina dos factores: la continuidad de la quema de combustibles fósiles y el desarrollo de un El Niño potente, según explicó la especialista de la OMM Oksana Tarasova. Durante el episodio de 2023-2024, las sequías, la vegetación más seca y los incendios redujeron la eficiencia de los sumideros terrestres, lo que puede limitar la absorción de CO₂ y favorecer emisiones adicionales por la quema de biomasa. En 2025 hubo una recuperación de esos sumideros y una disminución del carbono liberado por incendios respecto del período anterior, lo que moderó el crecimiento de las concentraciones, aunque no evitó un nuevo máximo.
El metano también alcanzó un récord, con un aumento en 2025 a un ritmo inferior al del año anterior y al promedio de la última década. Su nivel equivale al 267% del valor preindustrial. Entre sus fuentes se encuentran los humedales y actividades humanas como la ganadería, el cultivo de arroz, la explotación de combustibles fósiles, los vertederos y la quema de biomasa. El óxido nitroso alcanzó una concentración equivalente al 126% del nivel anterior a 1750, procedente de fuentes naturales y humanas, entre estas últimas el uso de fertilizantes, ciertos procesos industriales y la quema de biomasa.
El boletín también advirtió sobre sustancias menos abundantes que pueden tener consecuencias climáticas en la transición energética: el hexafluoruro de azufre (SF₆) y el hidrógeno molecular (H₂). El SF₆ se utiliza en equipos eléctricos y su concentración aumenta desde hace décadas debido a su persistencia atmosférica. El hidrógeno no es un gas de efecto invernadero directo, pero puede modificar la química atmosférica y producir un efecto indirecto sobre el calentamiento, por lo que la OMM planteó la necesidad de controlar las fugas asociadas a su producción, transporte y almacenamiento.
