Según el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina, el precio por litro se ubicó en $543, con una caída real del 14,2% interanual. En los últimos 12 meses desaparecieron 232 unidades productivas.
El precio de la leche que se le paga al productor sigue cayendo en términos reales y en septiembre los tamberos percibieron el valor más bajo para dicho mes en 10 años. Al mismo tiempo, la desaparición de tambos continúa y en los últimos 12 meses cerraron 232 unidades productivas, profundizando el proceso de concentración en el sector.
Según un informe del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), en el noveno mes del año el precio pagado al productor se ubicó en $ 543 por litro, lo que implicó un incremento del 1,5% respecto a agosto y un 14,4% más en la comparación interanual.
No obstante, si se miden en valores constantes -esto es, teniendo en cuenta la inflación-, los tamberos percibieron una caída del 0,5% mensual y del 14,2% interanual.
En dólares, la ecuación dio una mejora del 0,5% en comparación con agosto y del 5,8% en los últimos 12 meses. En todos los casos, los ajustes se ubicaron por debajo de la inflación.
“El precio por litro de leche actualizado a septiembre 2026 por inflación es el más bajo de las series analizadas y con un amesetamiento durante lo que va de 2026. Viendo exclusivamente el precio en pesos ajustado por IPC de los meses de septiembre desde que está vigente la serie SIGLeA, septiembre de 2026 es el más bajo de los últimos 10 años”, indicó el informe.
Para el director ejecutivo del OCLA, Jorge Giraudo, esta situación se genera a partir de una serie de variables que influyen en la capacidad de pago de la industria: una mayor oferta de leche interna, consumo doméstico de menor valor y baja rentabilidad exportadora.
Pero más allá del incremento de la oferta (10% el año pasado y 5% en lo que va de este), los mayores problemas se encuentran en la demanda de los consumidores: “hace varios años que el poder adquisitivo de la gente se redujo en términos reales y hace que consuma un buen volumen de producción, pero de productos más baratos, con poco valor agregado, y eso hace que el promedio de recaudación sea bajo”, detalló Giraudo.
Por el lado del mercado externo, Giraudo repasó que hubo precios internacionales bajos por una sobreoferta mundial y que a eso “se suma el tema del dólar: en los últimos 12 meses subió 8% y la inflación 33%. No digo que haya atraso cambiario o que haya que devaluar, sino que hay que frenar la inflación para que el dólar se mueva en los términos, además de que Argentina es un país caro”.
“La combinación de ingresos del mercado doméstico y la exportación hace a la recaudación de las industrias, que tienen que destinar la mitad de estos al costo de elaboración y el resto a la paga de la leche, que es insuficiente: US$ 0,36 cuando el precio tendría que estar en US$ 0,45 si tuviésemos una situación económica más normal”, redondeó Giraudo.
Por su parte, el coordinador de la Comisión de Lácteos de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Raúl Catta, sostuvo que esta situación de bajas de precios se dio “desde comienzos del año pasado, cuando la industria virtualmente congeló el precio entre $ 450 y $ 470 hasta mediados de este año. Solo se incrementó el precio por más de un año menos del 9%. Nos comimos amortizaciones y se acabaron las inversiones porque no hay rentabilidad”.
Según Catta, “los costos subieron a las nubes en energía y combustibles, mientras que los de mantenimiento se incrementaron fuera de toda lógica. Ahora con un precio de $ 543 se incrementó en un año el 14%, pero ese número engaña por el achatamiento sufrido durante más de un año”.
“Otro factor histórico es la falta de capacidad de negociación del sector primario. Somos ‘precio aceptante’ y hace años que la industria no informa a qué precio comprará la GB (grasa butirosa) y la PB (proteína bruta) que son los parámetros de comercialización de la leche históricamente. No informa con anterioridad, por lo que navegamos a ciegas”, concluyó el dirigente de la SRA.
Cierre de tambos
Otra constante que se repite con el correr de los meses y años es el cierre de tambos, un proceso de alcance mundial, que tiene su réplica en Argentina.
Según el OCLA, en septiembre se contabilizaron 8.717 unidades productivas, lo que implicó el cierre de 232 tambos en el transcurso de un año, equivalente a la reducción del 2,6% interanual.
Si se toma en cuenta los datos de 2002, cuando había registrados 15.000 unidades, se perdieron 6.283 tambos, casi la mitad de los que había a principios de siglo.
Por otro lado, el número total de vacas quedó estable respecto al año pasado, pero la cantidad de animales por tambo creció 2,3%, como consecuencia de la reducción de establecimientos.
Para Giraudo, el fenómeno mundial de concentración en unidades productivas de mayor tamaño es “continuo e inexorable” y situó la tasa de desaparición de tambos de menor escala en países como Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda o Europa en el 4% anual.
“Argentina tiene una tasa de 2,6 al 2,7% anual, que creo que en algún momento se va a incluso incrementar. Los tambos de más de 10.000 litros de leche, que eran el 1% hace 15 años, hoy son el 7% y antes producían el 5% de la leche y en la actualidad llegan al 40%. Es decir, cada vez más los tambos se automatizan, meten más vacas, a esa vaca le sacan mayor producción”, puntualizó Giraudo.
