Los registros muestran que la ayuda de emergencia se demoró más de media hora porque los funcionarios penitenciarios no podían confirmar la autenticidad de la solicitud.
Por primera vez se conocieron las grabaciones de las llamadas al 911 realizadas la noche en que Christa Pike, la única persona conocida en la historia de Estados Unidos que sobrevivió a una ejecución por inyección letal, debía morir en la Institución de Máxima Seguridad de Riverbend, en Tennessee, Estados Unidos.
Según las grabaciones a las que tuvo acceso The Associated Press, la primera llamada al 911 se recibió a las 8:40 p. m. del 30 de septiembre. A partir de ese momento, el personal de emergencia y los funcionarios penitenciarios intentaron determinar si el pedido de auxilio que llegaba desde la cámara de ejecución era legítimo. Ese proceso demoró más de media hora antes de que se confirmara que la solicitud era real.
De acuerdo con los testimonios de periodistas de Fox News y The Tennessean que asistieron a la ejecución, a las 8:27 p. m. se abrieron las cortinas a la sala de testigos, donde se encontraba May Martinez, madre de la víctima Colleen Slemmer, junto a miembros de los medios.
A las 7:28 p. m. se le conectó una vía intravenosa en el brazo derecho y comenzó a toser. A las 7:34 p. m., Pike dijo: «Siento que la vena de mi brazo está a punto de reventar».
A las 7:41 p. m., según Fox News, los funcionarios colocaron una piedra por primera vez para simbolizar la espera de su muerte. Diez minutos después se reportó que Pike estaba roncando, mientras los funcionarios de la prisión hacían entrar y salir de la habitación a su consejero espiritual.
Antes de las 7:56 p. m. levantaron su cuerpo de la camilla en forma de V y, según los reportes de los medios presentes, su respiración se debilitó a las 8:00 p. m. Cinco minutos después, su cuerpo se tensó y jadeó, pero no fue declarada muerta. Los funcionarios corrieron la cortina abruptamente por última vez.
Pike, de 50 años, fue hospitalizada en el Centro Médico de la Universidad de Vanderbilt en Nashville. Durante casi una semana estuvo conectada a un respirador artificial y sus abogados solicitaron una prórroga para que no fuera desconectada. Al día siguiente, despertó y comenzó a hablar y a caminar con ayuda, según informó su equipo de defensa. El fin de semana recibió el alta médica y regresó al Centro de Rehabilitación Debra K. Johnson, la prisión para mujeres donde ha estado recluida durante 30 años.
El gobernador de Tennessee suspendió las sentencias capitales por el resto del año tras lo ocurrido. La noticia está en desarrollo. Con información de AP.
