El ingeniero agrónomo Francisco Soria Raimondetto, de Pemán Semillas, analizó los cambios en el manejo de cultivos de servicio, que incluyen aprovechamiento ganadero y nuevas ventanas de siembra en el NEA y NOA.
Los cultivos de servicio han ganado protagonismo en las últimas campañas. Desde Pemán Semillas, el ingeniero agrónomo Francisco Soria Raimondetto analizó la evolución de esta herramienta y señaló la necesidad de adaptar cada decisión al ambiente y a los objetivos del productor.
Durante años, los planteos se orientaron a generar volumen de materia seca y cobertura, contribuir al manejo de malezas, mejorar condiciones físicas del suelo, reciclar nutrientes y, en el caso de las leguminosas, incorporar nitrógeno mediante fijación biológica. Esos objetivos continúan vigentes. Según Soria, lo que gana relevancia es la posibilidad de sumarles un aprovechamiento ganadero y obtener un ingreso durante el ciclo del cultivo.
El profesional sostuvo que, si la producción ganadera forma parte de los objetivos, debe considerarse desde la definición de especies, la fecha de siembra y el manejo. «La clave está en planificar ese aprovechamiento. Elegir el momento adecuado, definir la intensidad de uso y considerar la capacidad de recuperación del cultivo permite integrar ambas funciones dentro de una misma estrategia. No se trata de reemplazar el objetivo agronómico por el ganadero, sino de encontrar una forma de que ambos se complementen», declaró Soria.
Instituciones como INTA, Aapresid y CREA trabajan desde hace años en la evaluación del aprovechamiento ganadero de los cultivos de servicio. Los resultados publicados muestran producciones de entre 100 y 300 kg de carne por hectárea, e incluso superiores en determinados ensayos.
Otra transformación observada es la incorporación de cultivos de servicio estivales, particularmente en regiones del NEA y NOA. En estos ambientes se aprovechan ventanas dentro de la rotación que permiten incorporar especies de rápido crecimiento. Un ejemplo es el período posterior a la cosecha de girasol y previo a la implantación de un verdeo de invierno o trigo. También aparecen oportunidades antes de la siembra de poroto en el NOA.
«En estas situaciones, la velocidad de crecimiento es un atributo especialmente importante. Se buscan especies capaces de establecerse rápidamente y producir una cantidad elevada de biomasa en el tiempo disponible. Cuando además se incorpora una leguminosa, aparece la posibilidad de incorporar nitrógeno en el sistema mediante la fijación biológica», destacó Soria.
Entre las alternativas trabajadas se encuentran Crotalaria y Mancebo®, una leguminosa anual de la empresa que presenta alta producción de biomasa. También se utiliza Mancebo® como cultivo de servicio entre dos verdeos de invierno en el centro del país, en sistemas lecheros.
Respecto de la evaluación económica, Soria afirmó: «La forma de evaluar económicamente los cultivos de servicio también ha evolucionado. Hoy existe una cantidad creciente de información que permite comprender y cuantificar sus efectos sobre el sistema productivo a largo plazo. Por eso, limitar el análisis a cuánto costó implantar el cultivo y qué resultado se observa únicamente en la campaña siguiente ofrece una visión incompleta de su valor».
Los cultivos de servicio forman parte de una estrategia de manejo cuyos beneficios pueden expresarse a través de distintas campañas: cobertura, dinámica de nutrientes, condiciones físicas del suelo, manejo de malezas y efectos sobre los cultivos posteriores. Cuando existe integración ganadera, el aprovechamiento del forraje permite generar producción animal durante el ciclo del cultivo.
Desde Pemán Semillas indicaron que buscan evitar las recetas estandarizadas. Para eso analizan el ambiente, los tiempos disponibles dentro de la rotación, las posibilidades de siembra, el agua acumulada al momento de implantar, las perspectivas de precipitaciones y el contexto productivo y económico de la campaña.
