El maestro espiritual Dokushō Villalba, primer maestro sōtō zen español, visitará la Argentina en octubre para dictar talleres en Buenos Aires y Córdoba. En una entrevista, analizó el impacto de la tecnología en la atención, la crisis de salud mental y la relación entre estrés y capitalismo.
El maestro zen Dokushō Villalba visitará la Argentina en octubre para ofrecer talleres en Buenos Aires y Córdoba, organizados por la Escuela de Meditación Pali, la Fundación Columbia, la cátedra de Psiquiatría de la FCM-UNLP y Espacio Mindfulness Corazón. Villalba, de 70 años, es el primer maestro sōtō zen español y fundador del templo Luz Serena y la Comunidad Budista Sōtō Zen en España.
En una entrevista con LA NACION, Villalba se refirió a lo que describió como una desconexión del mundo real y un secuestro de la atención por parte de la tecnología. «Se está produciendo una desconexión del mundo real, de la persona real, del cuerpo real, en pos de un secuestro de la atención y de la conciencia, redireccionándola hacia un mundo virtual, un mundo irreal: las redes sociales, los videos creados por inteligencia artificial», afirmó.
Consultado sobre si esto es una consecuencia no buscada del desarrollo tecnológico o si hay una intención detrás, Villalba sostuvo: «Desde mi punto de vista, detrás de todo esto hay una intención y una voluntad por parte de determinados poderes, porque es una manera de controlar y explotar a la población. Hoy vivimos en la economía de la atención. Lo que enriquece a los grandes oligopolios ya no son solamente las materias primas o los productos financieros: es la atención de los seres humanos».
El maestro advirtió sobre las consecuencias de la pérdida de atención: «Una consecuencia muy importante es la pérdida de capacidad para comprender procesos complejos. Los resultados de las pruebas PISA muestran una disminución de la capacidad de lectura, de concentración y de reflexión en buena parte del mundo desarrollado».
En relación con la crisis de salud mental, Villalba señaló: «Hay una crisis de salud mental y hay un estilo de vida basado en la autoexplotación. Uno se exige muchísimo, las condiciones de vida son difíciles, muchas personas trabajan muchas horas y en condiciones laborales penosas. Todo eso produce un agotamiento del sistema nervioso».
Al ser consultado sobre por qué afirma que el estrés es inherente al capitalismo, respondió: «Porque el sistema primero te ‘ordeña’ los deseos. Nos convierte en seres deseantes: estamos continuamente deseando cosas. Desear es fácil; satisfacer esos deseos ya es más caro. Para satisfacer tantos deseos hay que trabajar mucho, tener poder adquisitivo, y entonces uno queda atrapado en una rueda, como un hámster: consumir para producir y producir para consumir».
Villalba también diferenció dolor de sufrimiento: «El dolor es una experiencia que tiene un comienzo y un final. El sufrimiento es otra cosa: es la rumiación mental de un dolor que hemos experimentado en el pasado».
Sobre la práctica de la meditación, mencionó un experimento realizado en Londres con 40 practicantes de meditación de larga data y un grupo de control de 40 personas sin experiencia. «El umbral de afectación y de integración del dolor de los practicantes zen era muchísimo más amplio que el de las personas que no tenían esa experiencia», dijo.
Consultado sobre si el mindfulness puede convertirse en una herramienta para tolerar condiciones que deberían transformarse, respondió: «La conciencia de sí es la fuente de toda transformación. Cuando uno está dentro de un engranaje social, laboral, mental o emocional inconsciente, está atrapado en él. Pero cuando se da cuenta de cuál es ese engranaje empieza a tener la capacidad de decir: ‘Yo no quiero esto, quiero tomar otra dirección'».
Respecto de su trabajo, Villalba afirmó: «Yo no soy un líder de masas. Soy un enseñante de minorías, de pequeñas minorías. Mi trabajo es artesanal: trabajo con las personas una a una».
Sobre la tecnología, sostuvo: «No podemos vivir completamente fuera de este mundo. Una de las primeras cosas que aprenden las personas que vienen a nuestros cursos es a liberar la atención de los secuestradores externos e internos y aprender a dirigirla hacia aquello que realmente consideran importante».
Finalmente, sobre el paso del tiempo, concluyó: «Cada instante es precioso. El tiempo es el único recurso que no podemos recuperar ni reciclar».
