InicioSociedadLas casas cueva de Galera: de infraviviendas a residencias exclusivas

Las casas cueva de Galera: de infraviviendas a residencias exclusivas

En el Altiplano de Granada, unas 900 cuevas habitables en el municipio de Galera han pasado de ser viviendas precarias a convertirse en propiedades de alto valor, con servicios como fibra óptica, jacuzzi y piscina. El precio de una casa cueva rehabilitada puede superar al de una vivienda unifamiliar.

En el municipio de Galera, en el Altiplano de Granada, unas 900 cuevas son habitables en la actualidad. Estas viviendas, excavadas en la roca, han experimentado una transformación: de ser consideradas infraviviendas hasta finales del siglo XX, cuando eran la opción más económica para familias sin recursos, han pasado a ser bienes codiciados que pueden alcanzar precios superiores a los de una casa unifamiliar.

«Vivir hoy en día en una cueva es un lujo», afirma Juan Martínez, de 55 años, vecino de Galera. Martínez reside en una de las cuevas del municipio y describe las condiciones de estas viviendas: «Se trata de refugios bioclimáticos, que mantienen la temperatura constante alrededor de los 20ºC durante todo el año y que se adaptan perfectamente a los cambios estacionales de la región», asegura José Manuel Guillén, alcalde de Galera.

Según Martínez, «es un hogar energéticamente muy eficiente y que apenas requiere mantenimiento, muy fresco en verano y cálido en invierno. Sólo se necesita una estufa o una pequeña chimenea cuando hace más frío». Añade que «duermo con el mismo edredón todo el año».

El alcalde Guillén señala que «una casa-cueva rehabilitada puede llegar a costar hoy en día mucho más de lo que vale una casa unifamiliar». Sin embargo, Ramón Martínez, de 87 años y padre de Juan, recuerda que «vivir en una cueva era lo más barato que había». Explica que «la gente no tenía nada. Cuando llegaban al pueblo hacían un agujero en la roca, y allí vivían, y cuando tenían hijos y necesitaban más espacio, picaban otro agujero y así se iba ampliando la casa».

El alcalde apunta que «antaño las cuevas eran consideradas infraviviendas», habitadas por familias que llegaron en la segunda mitad del siglo XIX atraídas por la industria textil del cáñamo. «Se aprovechaba la geología del terreno, que se caracteriza por suelos arcillosos que son fáciles de excavar pero, a su vez, lo suficientemente resistentes para sostener estructuras habitables», detalla Guillén.

En cuanto a la seguridad, Guillén, que también ha residido en una cueva, confirma que vivir en ellas es seguro porque «los métodos constructivos tradicionales generan un reparto de cargas que la convierten en una vivienda muy sólida», incluso frente a terremotos.

Las cuevas han evolucionado para incluir comodidades modernas. Algunas superan los 300 m² construidos, con varias plantas, habitaciones y baños, y pueden tener piscina, jacuzzi o aparcamiento privado. El alcalde afirma que «tenemos una cobertura de fibra óptica mayor que la de Berlín, que ronda el 95% en todo el municipio».

El turismo extranjero ha mostrado interés en estas viviendas. Paul y Caroline Higginbottom, jubilados ingleses de 66 y 53 años, respectivamente, explican que «la encontramos por Internet durante la pandemia y nos enamoramos de ella». Nikki Parker, de 54 años, residente desde hace siete años, afirma que buscaba «una vida sencilla, un hogar en el que tener intimidad y tranquilidad. Y aquí lo he encontrado».

El padrón municipal cuenta con 31 nacionalidades. Ramón Martínez señala que «llegó un momento en el que las cuevas estaban tan buscadas que te daban lo que pidieras». No obstante, el alcalde aclara que «ya no se otorgan permisos para crear nuevas cuevas, y solo se pueden remodelar ya las existentes».

Las cuevas del Altiplano de Granada, en localidades como Galera, Orce, Baza, Huéscar o Guadix, han sido habitadas ininterrumpidamente desde la edad del cobre, hace más de 5000 años.

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