El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas realizó el viernes una nueva ronda de sondeos informales para definir al sucesor de António Guterres. La costarricense Rebeca Grynspan obtuvo nueve apoyos, seguida por la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett con ocho. El argentino Rafael Grossi descendió a cinco respaldos. La expresidenta chilena Michelle Bachelet anunció el sábado el retiro de su candidatura.
El proceso para designar al próximo secretario general de las Naciones Unidas continuó este viernes con una tercera ronda de sondeos informales en el Consejo de Seguridad. Según los resultados difundidos, la costarricense Rebeca Grynspan encabezó la votación con nueve apoyos, seguida por la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett con ocho. El argentino Rafael Grossi obtuvo cinco respaldos, al igual que el ugandés Olara Otunnu. La expresidenta chilena Michelle Bachelet, que había quedado relegada en esta ronda, anunció el sábado el retiro de su candidatura.
El mecanismo de elección está establecido en el artículo 97 de la Carta de las Naciones Unidas: el secretario general es designado por la Asamblea General a recomendación del Consejo de Seguridad. Este organismo está integrado por 15 miembros: cinco permanentes —Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido— y diez no permanentes. Para recomendar a un candidato se requieren al menos nueve votos favorables y ningún voto negativo de los cinco miembros permanentes, que tienen poder de veto. Una abstención de un miembro permanente no bloquea la decisión si se alcanzan los nueve votos.
Antes de una votación formal, el Consejo de Seguridad realiza sondeos informales y secretos, conocidos como «straw polls», para medir el nivel de respaldo y rechazo de cada postulante. Estas rondas no son vinculantes, pero permiten identificar qué candidaturas pueden avanzar. En la tercera ronda, Grynspan obtuvo nueve apoyos, Rodrigues-Birkett ocho, Grossi cinco y Otunnu cinco. Bachelet quedó en los últimos lugares y posteriormente anunció su retiro.
Tras la salida de Bachelet, son siete los candidatos formalmente registrados ante la ONU: Rebeca Grynspan (Costa Rica), Carolyn Rodrigues-Birkett (Guyana), Rafael Grossi (Argentina), Olara Otunnu (Uganda), Macky Sall (Senegal), María Fernanda Espinosa (Ecuador) e Ivonne A-Baki (Ecuador, nominada por Tonga).
Rebeca Grynspan es economista y exvicepresidenta de Costa Rica; actualmente dirige la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD). Carolyn Rodrigues-Birkett es diplomática y exministra de Relaciones Exteriores de Guyana. Rafael Grossi es diplomático argentino y director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) desde 2019; su perfil incluye negociaciones vinculadas con los programas nucleares de Irán y la guerra en Ucrania. Olara Otunnu es diplomático ugandés y exsubsecretario general de la ONU para los Niños y los Conflictos Armados. Macky Sall fue presidente de Senegal entre 2012 y 2024. María Fernanda Espinosa es diplomática ecuatoriana, fue presidenta de la Asamblea General de la ONU y ministra de Relaciones Exteriores de Ecuador. Ivonne A-Baki es diplomática ecuatoriana nominada por Tonga.
La expresidenta chilena Michelle Bachelet anunció este sábado que retiraba su candidatura, después de quedar relegada en la tercera ronda informal. Había sido postulada por Chile, Brasil y México. Con su salida, la competencia queda reducida a siete nombres, aunque el proceso puede admitir nuevas candidaturas. La ONU mantiene una lista pública con las postulaciones y la documentación presentada por los Estados que las respaldan.
El próximo paso será continuar con las consultas dentro del Consejo de Seguridad hasta que surja un nombre capaz de reunir los nueve votos necesarios sin recibir el veto de Estados Unidos, China, Rusia, Francia o Reino Unido. Una vez alcanzado ese acuerdo, el Consejo elevará su recomendación a la Asamblea General, integrada por 193 Estados miembros, que formalizará el nombramiento. El sucesor de António Guterres, cuyo segundo mandato termina el 31 de diciembre de 2026, asumirá el 1 de enero de 2027. El mandato es de cinco años y puede ser renovado.
El proceso de 2026 incorporó por primera vez diálogos interactivos públicos con los candidatos de manera sistemática, una reforma destinada a aumentar la transparencia de una selección que históricamente estuvo dominada por negociaciones diplomáticas entre los miembros del Consejo de Seguridad.
En la tercera ronda, Grynspan y Rodrigues-Birkett acumularon cinco y seis rechazos respectivamente, además de un voto de «no opinión» cada una. La votación fue secreta, por lo que no se conoce cómo votó cada uno de los 15 miembros del Consejo. Para Grossi, la votación resultó negativa: perdió dos apoyos y cayó a cinco, sumó dos «no apoya» y subió a ocho, y mantuvo dos «no opinión».
