El amasado en gatos es un comportamiento que conserva un reflejo de la lactancia, cumple una función de marcaje químico y tiene un origen evolutivo, según veterinarios y etólogos.
Cuando un gato amasa una manta, un almohadón o el regazo de una persona, no solo busca comodidad: el gesto conserva un reflejo de la lactancia y también le sirve para dejar señales químicas que refuerzan su sensación de seguridad, tal como coinciden veterinarios y etólogos.
La conducta aparece con frecuencia antes de dormir o mientras el animal recibe caricias. Los especialistas señalan que los gatitos presionan de forma alternada las patas sobre las glándulas mamarias de la madre para estimular la salida de leche, y que ese patrón motor suele mantenerse después del destete.
Ese origen temprano ayuda a entender por qué el amasado reaparece en momentos de calma y confort físico. De acuerdo con los expertos citados por el medio, no se trata únicamente de acomodar el sitio donde el felino va a descansar.
El amasado también funciona como marca química del territorio seguro
Los etólogos describen algunas respuestas instintivas como “conductas de desplazamiento” cuando resurgen en contextos distintos a los de su origen. En este caso, una acción asociada primero a la alimentación vuelve a manifestarse en la vida adulta en superficies blandas o sobre personas con las que el animal mantiene un vínculo afectivo.
Además, las almohadillas delanteras tienen glándulas que liberan feromonas. Al amasar, el gato deja esas señales químicas sobre el lugar, lo que le permite identificarlo como propio y favorecer una percepción de bienestar mientras se relaja.
Otra explicación evolutiva para este comportamiento es que antes de convivir con humanos, los felinos salvajes aplastaban la vegetación para formar una superficie adecuada para descansar, y ese hábito habría permanecido dentro de su repertorio conductual.
Por esa razón, el movimiento hoy puede verse sobre mantas, almohadones o incluso en la falda de una persona. La acción no expresa siempre la misma intensidad ni se manifiesta del mismo modo en todos los animales.
La frecuencia del gesto cambia en cada felino y no siempre indica un problema
No todos los gatos amasan igual. La forma, la intensidad y la frecuencia varían por factores como la genética, la personalidad y las experiencias previas, y algunos lo hacen con las uñas retraídas mientras otros las estiran un poco.
Según los especialistas, esos matices no suelen ser señal de trastornos. La observación se vuelve necesaria cuando la conducta parece compulsiva o surge junto con signos de dolor o con un cambio visible en el comportamiento del animal.
En términos generales, veterinarios y conductistas consideran que el amasado forma parte del comportamiento normal de los felinos domésticos. Por eso recomiendan ofrecer espacios donde puedan expresar esa conducta, como cajas, alfombras, rascadores y estantes para trepar.
Ese tipo de entorno enriquecido reduce el estrés y favorece la salud física y emocional del animal. Los expertos también subrayan que la ausencia de amasado no implica por sí misma un problema de salud.
Algunos gatos nunca repiten esa conducta y aun así se mantienen sanos. Para valorar su bienestar, los especialistas aconsejan observar señales generales como el apetito, la actividad, la higiene y la sociabilidad con las personas del hogar.
En caso de duda, la recomendación es acudir con un veterinario para descartar problemas y confirmar que el animal dispone de un ambiente seguro.
El amasado combina aprendizaje temprano, funciones sociales y un rastro evolutivo que sigue presente en la conducta felina adulta.
