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Argentina y la Sociedad de las Naciones: un repaso histórico de su participación

Un recorrido por la participación argentina en la Sociedad de las Naciones, desde su adhesión en 1919 hasta la disolución del organismo en 1946, destacando las gestiones diplomáticas y los principios sostenidos por las distintas administraciones.

Finalizada la Primera Guerra Mundial y en virtud del Tratado de Versalles, se creó la Sociedad de las Naciones con el objetivo de desarrollar la cooperación entre las naciones y garantizar la paz y la seguridad. Argentina, que mantuvo la neutralidad en el conflicto, fue invitada a adherir al Pacto de la Liga, lo que hizo sin reservas en julio de 1919.

En 1920, una delegación presidida por el canciller Honorio Pueyrredón e integrada por los doctores Marcelo Torcuato de Alvear, Fernando Pérez, Roberto Levillier, Daniel Antokoletz y Alberto Vignes participó en la Asamblea inaugurada en Ginebra el 15 de noviembre. Las instrucciones aprobadas por el presidente Hipólito Yrigoyen incluyeron principios como la supresión de la distinción entre beligerantes y neutrales, la eliminación del concepto de potencias aliadas y asociadas, la igualdad de admisión de todos los Estados soberanos y la igualdad en la constitución del Consejo y de la Corte Permanente de Justicia Internacional. Tras exigir el tratamiento de sus iniciativas con carácter previo y especial, y ante la negativa de la organización a modificar su Pacto durante el primer año, la delegación se retiró en diciembre de 1920, aunque no quedó claro si se trataba de un retiro de la Liga o solo de la Asamblea.

Durante la presidencia de Marcelo T. de Alvear, se buscó impulsar la democratización de la Sociedad desde adentro. El Poder Ejecutivo solicitó al Congreso en varias ocasiones la ratificación del Pacto, lo que se concretó recién mediante la ley 11.722, sancionada el 25 de septiembre de 1933.

El 26 de abril de 1926, por decreto 64, el doctor Tomás Le Breton fue designado delegado ante la comisión que estudiaría modificaciones a la constitución del Consejo de la Liga. En un telegrama enviado desde Ginebra el 15 de marzo de ese año, Le Breton afirmó: “Nuestro principio doctrinario de tender a la democratización de la Liga nos hace esperar que un día todo privilegio desaparezca, alcanzándose la igualdad política y jurídica que anhelamos”. También señaló que Argentina había sometido todos sus conflictos al arbitraje y había suscripto tratados regionales para la reducción de fuerzas navales.

El 10 de mayo de 1926, Le Breton fue electo vicepresidente de la comisión, por una moción presentada por Brasil y secundada por España. Tres días después, el diario La Nación informó sobre la intervención argentina y el presidente de la Asamblea, Motta, ponderó la conducta conciliatoria de la delegación. El 16 de mayo, Le Breton expresó su apoyo al aumento de miembros electivos del Consejo y al sistema de rotación en la reelección, y se refirió a la representación continental: “Nuestro país no pretende revestirse de una importancia especial en nuestra América, pero consecuente con su fe democrática y consciente de su individualidad como Estado, no concibe, y no lo concibe en forma alguna, que pueda ceder su rango a otro país”.

En septiembre de 1926, el Consejo aprobó el informe que asignaba a Alemania una banca permanente, una vez admitida en la organización.

Durante la presidencia de Agustín Pedro Justo, mediante el decreto 64.521 del 30 de julio de 1935, se creó la Delegación Permanente de la República Argentina ante la Sociedad de las Naciones, con sede en Ginebra, al frente de la cual actuó el doctor Enrique Ruiz Guiñazú, y que funcionó hasta 1939.

Carlos Saavedra Lamas asumió el 21 de septiembre de 1936 la presidencia de la XVII Asamblea. En su discurso, reproducido por La Nación, sostuvo: “Una feliz coincidencia me permite presidir las deliberaciones de esta asamblea y dentro de breve tiempo me hará participar en los debates de otra conferencia, convocada a iniciativa del presidente Roosevelt para consolidar la paz”. También expresó: “Tengo la esperanza de ser transmisor de ideales comunes y anhelos compartidos, que en esta hora incierta reclaman más que nunca una acción universal”. La Asamblea se desarrolló en un clima de tensiones por el conflicto ítalo-etíope y la Guerra Civil Española, según señaló el embajador Juan Archibaldo Lanús en su libro “Aquel apogeo. Política internacional argentina 1910-1939”. El 10 de octubre de 1936, Saavedra Lamas clausuró la Asamblea con un compromiso de continuar la lucha “por universalizar una doctrina genuinamente argentina”, propendiendo a que “en todos los lugares de la tierra predomine el derecho sobre la fuerza”.

La Sociedad de las Naciones se disolvió el 18 de abril de 1946. En el año del centenario de la participación de la delegación encabezada por Tomás Le Breton y del nonagésimo aniversario de la presidencia de Saavedra Lamas, la diplomacia y el multilateralismo mantienen relevancia en el escenario internacional.

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