Un informe de Esade señala que España cuenta con ventajas competitivas en energía renovable para atraer centros de datos de inteligencia artificial, aunque advierte sobre la necesidad de mejorar las interconexiones eléctricas y el almacenamiento.
El despliegue de la inteligencia artificial (IA) está generando un aumento en la demanda de energía para sostener los centros de datos que procesan estas tecnologías. Según el último Informe Económico y Financiero de Esade, España parte de una posición favorable para captar esta demanda, debido a su menor exposición inicial al gas ruso y a una elevada capacidad de regasificación, que a mediados de 2025 representaba aproximadamente un tercio del total de la Unión Europea.
El informe destaca que, en el primer semestre de 2025, las energías renovables representaron alrededor del 60% de la generación eléctrica en España. Si se suman otras fuentes descarbonizadas, como la energía nuclear, la cifra asciende al 75%. Este mix energético más limpio ha impactado en la competitividad de las empresas: entre 2019 y 2023, España mejoró su competitividad-precio entre un 2% y un 3% frente a Alemania y Francia en el sector manufacturero intensivo en energía.
Sin embargo, el informe advierte que el potencial no garantiza el éxito. España enfrenta un desafío en sus interconexiones eléctricas con el resto del continente. En 2025, el grado de interconexión era de solo un 3%, muy por debajo del objetivo del 15% fijado por la Comisión Europea para 2030. Esta situación limita la exportación de excedentes de energía renovable y la importación de electricidad cuando es necesaria.
Además, el exceso de generación renovable, especialmente fotovoltaica en horas centrales del día, ha provocado que en 2025 alrededor del 10% de las horas tengan precios de electricidad cero o negativos. Esto reduce los ingresos de las empresas renovables y desincentiva la inversión. La solución propuesta es el almacenamiento de energía, pero Europa aún está rezagada frente a China, que en 2024 acaparó el 60% de la nueva capacidad global de baterías a gran escala, mientras que la UE representó el 3,8%.
El informe concluye que, si España acelera el despliegue de redes y baterías, sus recursos de sol y viento podrían convertirse en un motor para la próxima revolución industrial, pasando de ser un reclamo turístico a un pilar económico.
