Un estudio del Berklee College of Music indica que un 32,5% de los músicos emplea inteligencia artificial para generar ideas iniciales, melodías o pistas de referencia que luego son reelaboradas. La investigación incluyó a 1003 participantes de Estados Unidos.
Un estudio realizado por el Berklee College of Music reveló que el 32,5% de los músicos utiliza inteligencia artificial (IA) para generar ideas iniciales, melodías o pistas de referencia que luego son reelaboradas. Además, un 26,2% la implementa para crear pistas instrumentales completas que luego forman parte de trabajos finalizados.
La investigación, en la que participaron 1003 músicos, especialistas en marketing, supervisores musicales y creadores de video de Estados Unidos, también indica que un 31% de los músicos utiliza IA para la generación de letras.
Mark Ethier, director ejecutivo de Berklee Emerging Artistic Technology Lab, declaró a The Hollywood Reporter: “Si hubiéramos realizado este estudio hace 18 meses, estos números habrían sido mucho más bajos. Desde esa perspectiva, es bastante impactante”.
Carlos Arana, profesor de la Universidad del CEMA, UBA y Berklee College of Music, explicó que la tecnología funciona como una “herramienta de prototipado” y no como sustituto de una voz artística. “La IA baja el costo de exploración. Un músico puede generar diez bocetos melódicos en minutos y elegir la dirección que le interesa desarrollar”, afirmó.
Arana señaló que el criterio para decidir si un material sirve o no sigue siendo humano. “Requiere entrenamiento y un conocimiento real de la disciplina. Al fin y al cabo el gusto es todo: si no tenés el criterio para distinguir lo que funciona, es difícil que termines teniendo esa sensación de satisfacción que tiene el artista cuando pudo expresarse mediante su obra musical”, sostuvo.
El experto indicó que el riesgo real de utilizar IA no es técnico, sino pedagógico: “Si un músico, compositor o productor musical en formación usa la IA para saltear el proceso de aprendizaje, pierde exactamente la habilidad de discernimiento que lo haría capaz de usarla correctamente”.
En cuanto a la generación de letras, Arana señaló que la escritura siempre se valió de insumos externos, como diccionarios de rima y sinónimos. Consideró que la IA surge como “un insumo más”, aunque con una escala diferente. “Entramos en el territorio de los derechos de autor y todo su andamiaje legal asociado. Si la letra que generamos posee fragmentos tomados de obras de artistas que no dieron su consentimiento, hay un problema ético y legal concreto”, afirmó.
El informe también revela que los músicos lideran el uso de IA para asistencia en tareas de masterización y mezcla (32,8%, frente al 26,9% de los creadores de video), aunque presentan una mayor tasa de evitación activa de estas herramientas (18,9%, frente al 16,1%). Asimismo, fueron el grupo que reportó el menor nivel de confianza al utilizar estas herramientas, con una puntuación de 3,37 sobre 5.
“Los datos muestran una brecha entre la adopción y la confianza: las personas recurren a las herramientas de IA con mayor rapidez de la que se consideran capaces de utilizarlas con soltura. Esa diferencia es más marcada entre los músicos”, especifica el estudio.
