Un repaso por las pequeñas catástrofes cotidianas que ocurren en el hogar, desde accidentes en la cocina hasta fallas en los servicios, sin atribuirlas a causas sobrenaturales sino a la mecánica de lo imprevisto.
Hay jornadas en las que, según una perspectiva común, los inconvenientes se acumulan de forma inesperada. En el slang estadounidense, la expresión “shit happens” resume la combinación de lo inesperado, lo inevitable y lo negativo. Se trata de situaciones que toman por sorpresa y dejan a la persona sin capacidad de reacción.
No se refiere a cataclismos ni a conspiraciones cósmicas, sino a pequeños incidentes domésticos: un martillo que resbala hacia el pie descalzo, una tostada con mermelada que cae del lado menos favorable, o la apertura de latas con utensilios inadecuados. En la cocina y en zonas donde corre agua, como baños y cocinas, suelen concentrarse estos percances, según algunas creencias populares vinculadas a duendes o brujas.
Los hombres, en particular, son descritos como propensos a intentar reparaciones caseras con alambres y soluciones temporales, postergando la intervención de especialistas. Sin embargo, la fatalidad no se explica solo por la torpeza: incluso personas con experiencia previa pueden sufrir accidentes similares. En ocasiones, se percibe una suerte de intervención divina que evita una caída, y otras veces esa intervención parece no ocurrir.
Los contratiempos también afectan servicios: el colectivo que tarda cuando llueve, el insomnio que se vence justo cuando los gatos pelean en los techos, la caída del sistema de wifi en el momento del partido o la serie, o el corte de luz durante una cena con invitados. En esos casos, el problema no es que ocurra, sino cuándo ocurre.
Frente a estos días, algunas personas recurren a supersticiones como hacer cuernos, tocar madera o echar sal por encima del hombro. Otras consideran que, a veces, todo resulta inútil.
