Especialistas en gastroenterología y endoscopia bariátrica reportan un aumento en la demanda de procedimientos mínimamente invasivos, como la gastroplastia endoscópica en manga y balones intragástricos, para pacientes que no responden adecuadamente a fármacos como la semaglutida ni califican para cirugía bariátrica tradicional. Estas técnicas, realizadas por vía oral sin cortes, ofrecen una reducción del 15% al 18% del peso corporal total al año.
La irrupción de fármacos como Ozempic y Wegovy, basados en análogos de GLP-1, modificó el abordaje de la obesidad en Argentina. Sin embargo, en los consultorios se observa un grupo creciente de pacientes que no logran resultados sostenidos: recuperan peso al suspender el tratamiento, no toleran los efectos adversos o rechazan la dependencia crónica de medicación. Ante este escenario, especialistas impulsan las denominadas terapias endobariátricas como un escalón intermedio entre la medicación y la cirugía.
Según datos del Ministerio de Salud de la Nación y la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, seis de cada diez adultos tienen exceso de peso y más del 25% presenta obesidad. En ese contexto, Mariano Marcolongo, jefe de Gastroenterología del Hospital Italiano, explicó: “Hoy entendemos que la obesidad es una enfermedad crónica, igual que la diabetes o la hipertensión. No depende solamente de la voluntad del paciente”.
Las terapias endobariátricas incluyen procedimientos como la gastroplastia endoscópica en manga, que reduce el volumen del estómago mediante suturas internas realizadas con endoscopia. “A través de esta remodelación se conforma un estómago tubular más estrecho y de menor longitud, reduciendo aproximadamente un 50% su capacidad funcional. El objetivo es disminuir la capacidad gástrica, enlentecer el vaciamiento y generar saciedad precoz”, detalló Marcolongo. A diferencia de una manga gástrica quirúrgica o un bypass, no se corta el estómago ni quedan cicatrices externas, y el alta suele darse en menos de 24 horas.
Los especialistas reportan reducciones de entre 15% y 18% del peso corporal total al año, con beneficios asociados sobre diabetes tipo 2, hipertensión, hígado graso y apnea del sueño. También se emplean balones intragástricos, dispositivos de silicona colocados temporalmente para aumentar la sensación de saciedad.
Marcolongo definió la escala terapéutica de la obesidad en cuatro escalones: cambios de hábitos y acompañamiento nutricional; medicamentos (análogos GLP-1); intervenciones mínimamente invasivas; y cirugías bariátricas clásicas. Aclaró que “no necesariamente hay que fracasar antes con medicación” y que estos procedimientos pueden indicarse cuando la droga no alcanza, no se tolera, el paciente no quiere depender de inyecciones o busca una alternativa menos invasiva.
Gustavo Quadros, endoscopista bariátrico, afirmó durante el anuncio de la llegada al país del sistema de sutura endoscópica Endura (Boston Scientific): “Existe una gran parte de la población, con obesidad tipo 1, que no tiene tratamiento efectivo, y ahora tenemos una opción mínimamente invasiva, totalmente por la boca, no hay cortes”. La obesidad grado 1 corresponde a un Índice de Masa Corporal (IMC) entre 30 y 34,9, aunque el Ministerio de Salud advierte que el IMC no es suficiente por sí solo y que deben considerarse la distribución de grasa, la circunferencia de cintura, la masa muscular y las comorbilidades.
En cuanto al acceso, las cirugías bariátricas están contempladas en el Programa Médico Obligatorio para ciertos pacientes, pero las técnicas endobariátricas aún no cuentan con cobertura uniforme y requieren auditorías y justificaciones médicas ante obras sociales y prepagas. Quadros comparó costos: “La semaglutida es un tratamiento para toda la vida, y cuando comparamos el costo mensual por cinco años de medicación, sale cinco veces más que con la gastroplastía, y el costo es todavía menor si hay financiamiento”.
Gonzalo Coria, miembro de la Sociedad Argentina de Gastroenterología (SAGE), señaló que la técnica “no es para todos” y que “hay que encontrar a estos pacientes”, pero destacó su potencial para prevenir la progresión de la obesidad: “Previene que un paciente con obesidad de grado 1 pase a ser uno de grado 2 o 3. A medida que aumenta el grado de morbilidad, aumentan los riesgos de todo tipo, desde dolores óseos y presión arterial, hasta ACV o infarto”.
Marcolongo concluyó: “Esto no reemplaza el compromiso del paciente ni los cambios de hábitos. Pero puede ayudar a que ese esfuerzo sea mucho más alcanzable”.
