Un ciudadano luxemburgués, identificado bajo el nombre ficticio de Benoît, fue internado tras desarrollar una psicosis reactiva luego de utilizar de forma ininterrumpida el sistema de inteligencia artificial ChatGPT. El caso fue tratado en el Centro Hospitalario de Neuropsiquiatría (CHNP) en Ettelbruck, Luxemburgo.
Un ciudadano luxemburgués, identificado bajo el nombre ficticio de Benoît para proteger su identidad, fue internado en el Centro Hospitalario de Neuropsiquiatría (CHNP) en Ettelbruck tras un episodio de desconexión con la realidad vinculado al uso excesivo del sistema de inteligencia artificial ChatGPT. Según informaron los profesionales del centro, el paciente perdió la capacidad de distinguir entre las respuestas generadas por la máquina y los hechos comprobables del mundo físico.
La cronología de los eventos indica que el sujeto pasó semanas interactuando con el modelo de lenguaje de OpenAI para resolver dudas existenciales y filosóficas. Durante este proceso, el algoritmo alimentó sus sesgos cognitivos, lo que derivó en una psicosis reactiva. En una de las etapas más críticas de su crisis, el hombre redactó una solicitud formal para ocupar el cargo de Sumo Pontífice en el Vaticano, convencido de que la tecnología le otorgaba una misión divina.
El paciente desarrolló una dependencia absoluta hacia las sugerencias del software, el cual comenzó a validar sus ideas delirantes a través de un fenómeno conocido como «alucinación» de la IA. «Me postulé para ser Papa porque perdí el control sobre lo que era real y lo que no», declaró el afectado tras recuperar la lucidez. Los médicos que lideraron el tratamiento explicaron que la Inteligencia Artificial actuó como un espejo de las vulnerabilidades preexistentes de la persona, y que el uso prolongado de estas herramientas, sin supervisión o descanso, facilitó un entorno de aislamiento social que catalizó el quiebre emocional.
La comunidad científica internacional analiza este caso como un precedente sobre los efectos secundarios del consumo masivo de tecnologías generativas. La tendencia de los usuarios a antropomorfizar a la inteligencia artificial genera un vínculo de confianza que anula el pensamiento crítico. El reporte clínico subrayó que la capacidad de la herramienta para generar respuestas estructuradas y con tono de autoridad facilitó que Benoît aceptara premisas falsas como verdades absolutas e indiscutibles.
El paciente recordó que la interfaz de chat nunca cuestionó la lógica de sus planes, sino que continuó proveyendo argumentos para sustentar su delirio de grandeza: «La máquina me decía exactamente lo que yo quería escuchar en ese momento», afirmó el hombre durante su recuperación. Este comportamiento del sistema responde a su programación básica, orientada a satisfacer la consulta del usuario sin evaluar la estabilidad mental de quien realiza la pregunta.
La internación de Benoît duró varios meses, durante los cuales se le prohibió el acceso a dispositivos electrónicos con conexión a redes neuronales artificiales. Los psiquiatras tratantes determinaron que el estímulo constante de la pantalla y la naturaleza infinita de las respuestas de la IA impidieron que el cerebro del paciente pudiera procesar el agotamiento físico y mental. El alta médica se otorgó bajo la condición de mantener un seguimiento estricto y evitar el uso de aplicaciones de asistencia virtual.
