Expertos internacionales analizan las tendencias y desafíos de la lechería en Argentina, desde la gestión de datos hasta la estabulación y el bienestar animal.
Alejandro Palladino, experto de la Fundación Instituto de la Leche, abrió la jornada con una disertación sobre “Cómo repensar la gestión tambera en tiempos de estabilidad macroeconómica. Resiliencia y reseteo, ingredientes para la supervivencia en el tambo del futuro”. Palladino destacó que “el consumo de materia seca explica el 80% de la producción de leche”, instando a los productores a enfocarse en ese aspecto. Señaló que la clave está en mejorar la gestión del riesgo dentro de la variabilidad intrínseca del sistema, superando “el problema de la integración de los datos” para transformar la información en conocimiento. La inteligencia artificial se presenta como una oportunidad para armonizar todas las variables. En cuanto a la robotización, afirmó que “estamos en un cambio tecnológico, donde lo que más influye es la velocidad”, aunque el impacto en la vida cotidiana y el sector lechero aún es incierto. No obstante, “la comunicación y la empatía van a seguir siendo las características principales” que diferenciarán a las personas, ya que “el conocimiento es un commodity” y el valor agregado reside en el desempeño. Para Palladino, “el bienestar y la salud animal es uno de los factores que más impacto tiene sobre la eficiencia de los sistemas actuales”, por lo que es imperioso mejorar el entendimiento de la información disponible.
En el bloque sobre estabulación, el canadiense Brian Rodenburg, CEO de inBarn Farm Team, expuso sobre “Ajustes en los diseños, las tecnologías y la operatividad en sistemas estabulados free-stall”. Rodenburg comparó la situación argentina con la de Estados Unidos y Canadá en los años 60, con vacas pastando, mientras que en el norte la decisión de encerrar animales respondió a mejorar la relación del precio de la tierra y reducir la huella de carbono, especialmente porque la producción de leche orgánica recibe un pago extra de 21 centavos de dólar. Los beneficios del freestall incluyen una reducción de costos del 50%, aunque requiere una alta inversión inicial que se recupera mediante el bienestar animal, la optimización de la mano de obra y el ahorro en el uso de la tierra. La automatización reduce el tiempo dedicado al movimiento de vacas y mejora las condiciones de producción. Al diseñar un galpón, la prioridad puede ser el confort de la vaca, el estilo de vida del productor, la inversión, los costos de mantenimiento o el tipo de producción. A largo plazo, cada diseño debe prever un tamaño hasta cuatro veces el actual para garantizar beneficios económicos futuros, comenzando por el sistema de camas y con una base sólida en ventilación. Luego se consideran los flujos de espacios, de vacas, de personas, de equipos, de aire y, sobre todo, de dinero. Alcanzar los 40 litros por animal es clave para sostener el sistema.
El brasileño Adriano Seddon, socio director de Cowcooling, abordó “Cómo lograr una correcta estabulación de vacas en cama de compost”, señalando errores frecuentes y ajustes necesarios. Desde su experiencia con el primer compost en Brasil en 2012, para vacas cruza, destacó que no solo se trata de dar sombra y agua, aunque son variables clave. Recomendó bebederos y espacios lavables constantemente, evitar que la maquinaria golpee las estructuras, ampliar la línea de comida para reducir comportamientos agresivos y mejorar la ingesta. La cama de compost tiene la ventaja de liberar calor, pero no es apta para todos los tambos; en condiciones climáticas promedio, el freestall puede ser mejor para la principal región lechera argentina, como ocurre en el sur de Brasil. Según Seddon, se deben recambiar entre tres y seis metros cúbicos de cama por año.
