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El Palacio del Congreso cumple 120 años: historia, secretos y curiosidades de un ícono argentino

El 12 de mayo de 1906 se inauguró oficialmente el Palacio del Congreso Nacional, aunque el edificio aún no estaba terminado. A 120 años de aquel hito, repasamos anécdotas poco conocidas, cambios de ubicación y disputas artísticas que marcaron su historia.

“Señores senadores, señores diputados: quedáis instalados en vuestro palacio, la nueva casa de las leyes, en cuyo recinto nos es dado esperar que no se escucharán sino acentos elocuentes de controversias y debates concordantes con la tradición de la intelectualidad y cultura de los congresos argentinos”. Con estas palabras, el 12 de mayo de 1906, el presidente José Figueroa Alcorta inauguró el Palacio del Congreso durante la apertura del 45° período legislativo. La prensa destacó una novedad: se había autorizado la presencia de mujeres en las galerías. Sin embargo, el brillo de la ceremonia contrastaba con la realidad del edificio: las fachadas eran una mole de ladrillos que esperaban su revestimiento de piedra caliza de Córdoba, la cúpula recién comenzaba a levantarse y los tapiceros trabajaron a contrarreloj para colocar alfombras y cortinas. La razón del traslado era la falta de espacio en la antigua sede de la calle Balcarce (hoy Academia Nacional de la Historia) y los altos costos de alquiler de locales.

Entre los episodios más conocidos del palacio figuran la investigación a la empresa constructora y funcionarios del Ministerio de Obras Públicas, la trágica muerte del arquitecto Víctor Meano en 1904, el retiro de las esculturas de Lola Mora y el asesinato del senador electo Enzo Bordabehere en 1935. Pero también hay historias menos divulgadas que merecen ser rescatadas en este aniversario.

Por ejemplo, la ubicación actual del Congreso no fue la primera opción. En 1883 se sancionó una ley para construirlo frente a la Plaza Rodríguez Peña, rodeado por Riobamba, Paraguay, Marcelo T. de Alvear y Callao. El arquitecto italiano Francisco Tamburini presentó un diseño neorrenacentista, pero fue descartado y se llamó a concurso internacional. Mientras tanto, en 1889, el presidente Miguel Juárez Celman compró el terreno de la familia Spinetto (entre Combate de los Pozos, Hipólito Yrigoyen, Entre Ríos y Rivadavia), argumentando que la Avenida de Mayo —en plena apertura— exigía un monumento en su extremo occidental. Recién en 1894 se sancionó la ley definitiva y se vendió el terreno original.

Otro capítulo curioso es el enfrentamiento entre dos artistas por la cuadriga de bronce que corona el frontis. El 19 de noviembre de 1906, el escultor italiano Víctor de Pol presentó un proyecto por 250.000 pesos. Doce días después, Lola Mora —que ya trabajaba en otras obras para el Congreso— ofreció su boceto por 320.000 pesos, más flete y seguro desde Europa. La Inspección General de Arquitectura pidió asesoramiento a la Comisión Nacional de Bellas Artes, y finalmente se optó por la propuesta de De Pol.

El Palacio del Congreso, monumento arquitectónico y político, sigue siendo testigo de la vida democrática argentina. A 120 años de su inauguración, sus muros guardan secretos que invitan a conocer más sobre el país.

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