El malestar entre los uniformados de las Fuerzas Armadas es creciente debido a las dificultades para acceder a la cobertura médica del IOSFA, que los obliga a recurrir a hospitales públicos pese a seguir pagando sus aportes.
El malestar entre los uniformados de las Fuerzas Armadas es creciente dado que en muchas localidades deben concurrir como indigentes al hospital público a pesar de que mensualmente siguen pagando como afiliados del IOSFA (desde el 1 de abril por decreto presidencial, se reorganizó y se denomina OSFA). La opción de reintegros adolece de la dificultad de que muchos estudios y particularmente prácticas quirúrgicas exceden ampliamente el haber mensual de los titulares, que revistan a menudo en zonas distantes de los hospitales militares en los que no deben abonar o muy poco, con el agregado de que los mencionados reintegros demoran meses en efectivizarse.
La percepción general es que el IOSFA fue un invento de los políticos que quitaron la gestión de las obras sociales a las fuerzas, lo colonizaron, usufructuaron y, finalmente, fundieron (desde “Los Fernández”, el PRO y LLA). Y ahora les dejan este regalo envenenado a las castigadas FFAA cuyos salarios muy inferiores a los de las fuerzas de seguridad son parte del problema por sus aportes limitados.
La tranquilidad que animaba a la tropa a dar todo (horarios, mudanzas, etc.) porque su salud propia y de la familia, como la percepción de un ingreso digno, estaban asegurados, se ha perdido con el tiempo. En los últimos 40 años hemos sobresalido en Latinoamérica por nuestro “inteligente” hallazgo de que las FFAA no son necesarias, cosa que nuestros “pobres” vecinos limítrofes no han tenido la genialidad de descubrir, y siguen destinando un porcentaje interesante de su presupuesto para las mismas. El tema no está cerrado… lamentablemente.
