Una investigación publicada en JAMA Network Open analizó datos de más de 7.000 personas y encontró que un índice que mide la edad del cerebro a partir del sueño puede predecir el riesgo de desarrollar demencia.
Una investigación publicada en la revista científica JAMA Network Open confirmó que el índice de edad cerebral (BAI, por sus siglas en inglés), derivado del análisis del sueño, puede funcionar como un predictor del riesgo de demencia. El estudio, realizado por la Universidad de Stanford, analizó datos de 7.055 participantes con una edad promedio de 63 años.
El equipo liderado por Zhenghao Chen utilizó registros de polisomnografía y electroencefalografía (EEG) para calcular la diferencia entre la edad cronológica y la edad biológica del cerebro, analizando microestructuras del sueño en seis cohortes distintas. Los resultados indicaron que por cada 10 años de aumento en el índice de edad cerebral, el riesgo de demencia creció un 39%. Esta asociación se mantuvo incluso después de ajustar variables como apnea del sueño, tabaquismo, hipertensión y uso de medicación.
La «edad cerebral del sueño» se calculó mediante un modelo de aprendizaje profundo que evaluó características de las ondas cerebrales durante el descanso. El sistema identificó patrones de envejecimiento acelerado en individuos que, años después, desarrollaron cuadros neurodegenerativos. «El BAI del sueño es un biomarcador prometedor para la identificación temprana de individuos con alto riesgo de demencia», afirmaron los autores.
El estudio realizó un seguimiento de los voluntarios durante un periodo de 10 años. La relación entre el sueño y la salud cognitiva se basó en la calidad de las ondas delta y los husos del sueño, señales eléctricas que reflejan la integridad de las conexiones neuronales y la capacidad del sistema glinfático para eliminar toxinas durante la noche.
El análisis mostró que el vínculo entre el sueño y la demencia fue más fuerte en participantes que no portaban el gen APOE ε4, lo que sugiere que el índice es una herramienta de detección eficaz incluso en personas sin predisposición genética conocida para el Alzheimer. Los científicos observaron que las alteraciones en la arquitectura del sueño precedieron a los síntomas clínicos del deterioro de la memoria por varios años.
«Nuestros hallazgos sugieren que el cerebro de las personas que desarrollarán demencia parece más viejo que su edad real cuando duermen», explicó el equipo de investigación. El estudio se enfocó en la calidad microestructural del sueño, más que en su duración, y mostró que la fragmentación y la reducción del sueño profundo impactaron directamente en la atrofia cortical observada.
El índice de edad cerebral (BAI) es una métrica que compara el estado funcional del cerebro durante el sueño con estándares poblacionales, procesando señales de electroencefalografía nocturna mediante algoritmos de inteligencia artificial. Si un paciente de 60 años presenta un patrón de sueño característico de alguien de 70, su BAI es de +10. Este desfasaje evidenció cambios microestructurales invisibles en pruebas cognitivas estándar.
El estudio demostró que el envejecimiento del sueño no es solo un síntoma, sino un marcador de la progresión de la patología. La identificación de un índice de edad cerebral elevado permitiría intervenir antes de que el daño neuronal sea irreversible. La importancia del hallazgo reside en su capacidad para predecir el diagnóstico de manera independiente a otros riesgos cardiovasculares, posicionando al sueño como un reflejo directo de la salud del sistema nervioso central.
