InicioSociedadPsicología distingue entre cortesía y amabilidad: dos formas de relacionarse

Psicología distingue entre cortesía y amabilidad: dos formas de relacionarse

Un estudio científico explora la diferencia entre ser educado y ser compasivo, revelando cómo cada comportamiento impacta de manera distinta en los momentos difíciles.

Un amigo pasó por un mal momento el año pasado: problemas laborales, dificultades económicas y tensión en el hogar. En una charla, compartió una reflexión: «Todo el mundo me dice que todo irá bien, que debo mantener una actitud positiva. ¿Sabes quién me ayudó de verdad? El amigo que me dijo: ‘Eso suena terrible. ¿Qué necesitas?'».

A simple vista, la cortesía y la amabilidad parecen similares y a menudo se superponen. Ambas pueden manifestarse en gestos cotidianos como abrir una puerta, preguntar cómo está alguien o expresar empatía. Sin embargo, la psicología de la personalidad señala que no son lo mismo.

Dentro del modelo de los Cinco Grandes rasgos de personalidad, la amabilidad se puede dividir en dos componentes: cortesía y compasión. La cortesía se refiere a la tendencia a respetar a los demás, acatar normas sociales y reprimir impulsos agresivos. La compasión, en cambio, es la tendencia a preocuparse emocionalmente por el bienestar del otro y a actuar para ayudarlo.

El psicólogo Kun Zhao de la Universidad de Melbourne explica que la cortesía se centra más en «no hacer daño», mientras que la compasión se orienta a «ayudar activamente». Una persona puede ser alta en uno de estos componentes y baja en el otro, o presentar ambos en distintos grados.

Investigadores de la Universidad de Melbourne, incluyendo a Zhao, Eamonn Ferguson y Luke Smillie, pusieron a prueba esta distinción mediante juegos de toma de decisiones económicas. Los resultados, publicados en Scientific Reports, mostraron un patrón claro.

En un experimento donde los participantes debían dividir dinero con un desconocido, las personas con alta cortesía tendieron a repartirlo equitativamente, siguiendo la norma social de justicia. En otro escenario, donde se observaba a alguien siendo tratado injustamente y se ofrecía la opción de donar dinero propio para ayudar, fueron las personas con alta compasión quienes intervinieron con mayor frecuencia.

Los investigadores concluyeron que las personas compasivas actúan como «buenos samaritanos», respondiendo al sufrimiento ajeno. Las personas educadas, en cambio, se comportan más como «buenos ciudadanos», respetando las reglas y manteniendo la armonía social. Ambos roles son valiosos, pero no son intercambiables, especialmente en situaciones críticas.

Esta diferencia se hace evidente en momentos personales difíciles, como un duelo, una crisis o una separación. Las respuestas corteses («seguro que es lo mejor», «te recuperarás») suelen ser socialmente apropiadas y bienintencionadas, pero pueden no abordar la necesidad real. Las respuestas amables o compasivas implican una atención activa a lo que la persona necesita, incluso si eso hace el momento menos «cómodo» socialmente.

La cortesía suaviza las interacciones y mantiene la compostura. La amabilidad, arraigada en la compasión, tiene el potencial de transformar una situación difícil para quien la sufre. En la mayoría de las interacciones diarias, ambas coinciden. Pero en los momentos cruciales, la distinción se vuelve fundamental.

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