Una investigación publicada en Journal of Psychopharmacology señala que ingerir café o bebidas energéticas por la noche aumenta la impulsividad y la propensión al riesgo, afectando la capacidad de análisis.
El consumo de cafeína después del anochecer incrementa la impulsividad y la toma de decisiones riesgosas, según un estudio conductual publicado este miércoles. La investigación determinó que el cerebro, bajo los efectos de este estimulante durante la noche, tiende a ignorar las señales de advertencia biológicas habituales.
La revista Journal of Psychopharmacology difundió los resultados, que validaron experimentos iniciales en modelos biológicos aplicados luego a humanos. Los datos mostraron que la alteración del ritmo circadiano potencia la búsqueda de recompensas inmediatas frente a la evaluación de consecuencias a largo plazo.
El equipo científico observó que los sujetos que ingirieron dosis equivalentes a dos tazas de café después de las 20:00 horas mostraron un 40% más de propensión al riesgo en pruebas de apuestas. El fenómeno no se replicó con la misma intensidad en los grupos que consumieron la bebida durante la mañana.
El impacto resultó mayor en el sector demográfico que utiliza bebidas energéticas para extender jornadas de videojuegos o trabajo. En este grupo, la combinación de luz azul y cafeína generó una percepción distorsionada de la realidad y de las capacidades propias de resolución de problemas.
El consumo de café o energizantes en adolescentes y adultos jóvenes impacta sobre una estructura cerebral todavía en desarrollo. La maduración de la corteza prefrontal se ve interrumpida por la sobreestimulación química, lo que anula los frenos inhibitorios naturales frente a situaciones de peligro o apuestas financieras digitales.
La falta de descanso acumulada potencia el efecto de la cafeína, creando un círculo vicioso de fatiga y sobreestimulación. Los datos recolectados indicaron que el 65% de los usuarios nocturnos no percibió que sus decisiones fueran más arriesgadas que lo habitual, lo que demuestra una falta de introspección cognitiva.
El estudio concluyó que la ventana de seguridad para el consumo final de cafeína debería situarse al menos diez horas antes de dormir. Superar este límite no solo afecta el descanso, sino que modifica el perfil de personalidad del usuario, volviéndolo más temerario y menos analítico ante el conflicto.
La industria de las bebidas estimulantes enfrenta ahora cuestionamientos sobre el etiquetado de advertencia para el horario nocturno. Los expertos sugirieron que la concentración de cafeína en productos de venta libre supera los niveles testeados como seguros para el mantenimiento de las funciones ejecutivas superiores.
